Raíces, espejos, tribus, memorias

G. dice que yo miro demasiado hacia el pasado, que estoy presa mientras siga manteniendo mis dinosaurios en formol. Que la memoria me juega malas pasadas, que me aparta del presente y del futuro; que mis años de joven en México son, en el fondo, lo que más amo de la vida, el grial que me cura y resucita, el vino sagrado en el que me embriago y me sumerjo. Que ese pasado es lo que más me importa, a lo que quiero volver como a un útero bendito: mi hogar, mi museo, mi rostro (al menos el rostro que yo misma reconozco).

Pero no es así, ya no es así. México es la energía de la tierra, las campanas resonando por todo Guanajuato, el hervidero del Zócalo, el olor a copal y a tequila, el papel picado de colores junto a las tumbas, el hambre y las flores, el tambor y la vida, el mariachi y el terremoto destructor, el elefante pasando inesperadamente en una filmación de carretera, el mendigo feliz, el borracho converso, el fantasma de callejón, el danzante azteca leyendo el periódico, el chocolate humeante, el delirio de azulejos, la fruta, el amor, Dios, el cielo, la amenaza agazapada, lo oscuro, lo azaroso, lo acaso misterioso, la procesión de encapuchados, las espinas, las piedras, los milagritos milagrosos, el agua en las fuentes, el barro, el infierno. México es solamente eso, pero esta vez lo traje conmigo. Está aquí, es parte de mi vida cada vez que respiro. Recuerdo, sí, porque en México está mi juventud, y la juventud es una lámpara de aceite que arde durante toda la vida. Pero eso quedó atrás: ya no sufro, ya no añoro. Tengo recuerdos dulces, como el mamey y la papaya y la cocada y el gaznate. Mi memoria es regocijo, no quiere encarnarse en mí: tan solo es un reflejo, un destello más del caleidoscopio mismo. De mí.

No necesito el pasado más allá de los tejidos y huesos que me sostienen. Mi pasado me llevó hasta Astor. Con eso basta. Pero amo volver a ver las películas que me emocionaron en la butaca alguna vez. Por eso escribo.




(fotografía:Zé Eduardo)

Comentarios

Teseo dijo…
Quizá el verdadero placer del hogar sólo se encuentra al salir o al entrar de él (: