19.3.13

Perdón

Los golpes interrumpen el silencio de la tarde. Secos, rítmicos, percusión sin música. Me pongo en guardia; no logro identificarlos. Luego, risas de un grupo de hombres, burlonas, invasivas.

Intento dejar de atenderlas, de vigilarlas, pero no puedo. Me han atrapado como un tejido de alambre. Dejo de trabajar. El sonido de los golpes no cede; parece marcar el paso como un redoble fúnebre.

Me asomo a la ventana y ahí los veo: descargan leña en la casa del vecino. Pilas presagio, montones que previenen, profecías de pitonisa despreciada. "No voy a poder detenerlo", pienso. Los golpes son ecos de un patíbulo. Nada puedo hacer.

Pedir leña. Me resisto a la idea, como una Perséfone raptada. A mi alrededor, el invierno se hace oír. Yo no quiero.

No, no voy a poder detenerlo.


3.3.13

La muerte del escritor (plegarias)



No te conectes. 
No accedas al wifi.
No abras el Facebook.
No pongas una frase ingeniosa en Twitter.
No te muestres en el chat.
No te conectes. 
No mandes más SMS.
No opines en foros.
No subas fotos.
No alimentes internet.
No te conectes. 

*



Lo que no se escribe

Lo que dejo pasar, lo que no escribo, se pierde para siempre, regresa al útero negro de lo que simplemente no es ni será. Por mi mente pizarrón pasan varias veces al día casi ráfagas de tiza, llegan oleadas de textos que creen, inocentes, que igual sobrevivirán pese a no ser escritos. Pero es inevitable que se desvanezcan, igual que pasaría con un sueño cuando uno no despierta con la clara intención de sacarlo de la nada.

Para atrapar a unos y otros, textos y sueños, hay que lanzarse sobre el papel como un endemoniado, como un monje en éxtasis, fuera de todo, lanzarse y nadar sin pausa hasta la otra orilla. Y eso da miedo, por supuesto, porque la obsesión por otros mundos podría sacarlo a uno de este.

Pero saber eso no quita -no quita en lo más mínimo- que lo que no escribo se pudra dentro de mí, eche raíces de loto y flote en un estanque sucio. Porque lo que no escribo está herido de muerte, yo misma lo estoy, en tanto no quede escrito.

"Y después podrás morir en paz". Quizás después, después apenas.

(uno de mis posts en este mismo blog, 12 de julio del 2009)


*


"Un escritor que no escribe es, de hecho, un monstruo merodeando la locura" (Franz Kafka)