22.1.11

Gestar

Escuchando cómo el viento mueve las hojas de árboles imaginarios. Oliendo el perfume del jazmín de la noche durante los veranos en la estancia de mis tíos cuando niña. Caminando sobre papel de arroz. Añorando el fuego, su crepitar. Sintonizando una estación de radio que aún no existe. Confiando en la solidez de cada uno de los vidrios de mi claraboya. Sintiendo la caricia lejana del ventilador en días demasiado calurosos. Conteniendo la respiración para no hacer ruido. Esperando. No moviendo. Siendo. Nada más.

Así estoy ahora. Por eso, ni intento escribir en el blog. Son demasiados procesos invisibles a la vez. Habrá que esperar a emerger más cerca de la otra orilla. Seguro que tiritando de frío, con el corazón desbocado por el esfuerzo, feliz al sentir el sol sobre la piel una vez más.