23.10.09

El altillo

"That is why I have laid so much stress on money and a room of one's own."
Virginia Woolf, A Room of One's Own

Algo extraordinario me sucedió luego de la operación. Soy otra persona, o, mejor dicho, soy más yo otra vez. Más que nunca. Deben ser los efectos arquetípicos de la resurrección.

Hace como un año estábamos varias amigas -vinculadas todas de uno u otro modo a la literatura- tomando unos vinos. Vesna me había regalado un tiempo atrás La azotea, de Fernanda Trías (un librazo, Ed. Trilce, difícil de conseguir, pero quien lo vea en Tristán Narvaja debería comprarlo). Esa noche, SuyFabi también me regaló un libro, El sótano de Mario Levrero, librillo para niños retorcidos -como Levrero- con lindísimas ilustraciones. La propia Fernanda dijo que era toda una casualidad: Levrero había escrito un sótano y ella una azotea.

Las casas tienen enormes poderes de evocación, simbolismos adheridos a cada pared, a cada ladrillo; en una casa, los espacios son habitaciones del alma, estados de ánimo, capas manifiestas del inconsciente. Azoteas y sótanos. Hay momentos en la vida para cada uno.Y también hay escaleras entre ellos.

Estoy a punto de escribir el tercer libro de esta trilogía involuntaria. Mi libro será invisible, estará escrito con tinta indeleble, no se publicará jamás porque el único papel que podría contenerlo sería el del calendario, y se llamará El altillo.

Y es que al fin lo arreglé. Mi cuarto privado, mi escritorio. Luego de tres años de tener el piso cubierto de papeles, las cajas esperando, vacías. Caos externo casi espejo de un desorden primario y una falta de espacio interno. Soy feliz aquí. Es mi refugio de escritura, de trabajo, de papeles, de memorias. Una ventanita a la claraboya soleada o lluviosa. Pero suelo tardar tanto en escribir lo que me pasa, que cuando lo hago encuentro que se ha desvanecido, como ahora. Miro adentro y ya no encuentro su expansiva fuerza, su fueguito sencillo de subir cada mañana, cada noche, a comprobar que todo siguiera tan armónico, tan arreglado e inconfundiblemente mío. Simplemente, se me pasó el momento de mirarme resucitar el altillo, o quizás de resucitar en el altillo, porque ahora irrumpen otros movimientos internos que me reclaman el apretado espacio. Esta vez, son manifestaciones que rugen desde una distante juventud y una lejanísima niñez. Justicias postergadas. Esperanzas que había sepultado. Y seguramente tampoco escribiré sobre ello, tampoco llegaré a tiempo, tironeada por las cosas de la vida.

Ya no importan tanto, entonces, los altillos. Al menos no este viernes, no mañana ni pasado mañana. Los altillos son torres, en esos casos.

Igual sé que soy y siempre seré una mujer de altillos. El mío me estará esperando, fiel, cuando esta nueva oleada termine.




9 comentarios:

Mauricio P. Milano dijo...

Guau, me quedé asombrado al leer esto. Hermoso texto. Voy a tratar de conseguir ese librazo la próxima vez que visite una librería, es decir, mañana. Saludos!

Reensi Lencio dijo...

Hola! lindo blog, lindos los altillos, muy lindo lo poco que leí de Levrero

vesna kostelich dijo...

Ví luz en el altillo... y subí. Me alegra mucho saber que el nido está más acomodado, lleno de pajitas, hilachas, ramitas, restos irreconocibles de otros nidos. Hace bien al alma. Habrás de empollar algo pronto, para placer tuyo y felicidad de nosotros, tus fans lectores.

sorjuana dijo...

Los visitantes fieles siempre se disfrutan y valoran mucho.
Ahora, cuando aparecen nuevos, me da la impresión de que estas ventanitas del altillo que son los blogs consiguen milagros extrañísimos...
Gracias por pasar, todos.

ana arjona dijo...

"Las casas tienen enormes poderes de evocación, simbolismos adheridos a cada pared, a cada ladrillo; en una casa, los espacios son habitaciones del alma, estados de ánimo, capas manifiestas del inconsciente. Azoteas y sótanos. Hay momentos en la vida para cada uno.Y también hay escaleras entre ellos."

¡Ay! Gabriela,¡qué bellamente
dicho! Es una gloria leerte con altillo o sin él.
En las casas también existen los jardines, las fugas, las pérgolas y los laberintos. Y aunque a cielo abierto, están tan llenos de secretos y de trinos como la misma alma.
Abrazos gozosos.
Ana.Ana Arjona

Oscar dijo...

Metete en mi blog y en "entadas antiguas" en "Miscelaneas" yo puse algo de Las Viejas, leelo, te va a gustar, es parecido a lo tuyo!!!
Oscar

Cala dijo...

Gaby, yo leo y escucho bastante de tu altillo y me imagino un lugar con una magia y una energia que te baja directo del cielo.
Yo tengo un altillo en mi casa y no puedo subir , mi vertigo a las alturas me lo impide, ni siquiera lo he pisado. Lo miro desde el ultimo escalón que logro escalar de la escalera de aluminio por donde sube mi marido. Añoro tener ese lugar,sigo esperando un acceso normal ( para mi ) ojalá lo disfrute tanto como vos al tuyo.

Mauricio P. Milano dijo...

Volví para decirte que te acabo de pasar un premio por la sabiduría de tu blog. Fijate en el mío. Son esas cosas que tiene la blogósfera. En fin, ya que estoy acá te comento que pregunté pero no conseguí el libro "El Altillo". Es verdad, es difícil de obtener. Saludos :)

sorjuana dijo...

Está agotado, pero pronto se reeditará, juas!
La casa me sigue dando problemas existenciales; no he tenido tiempo/espacio de sentarme con el siguiente post, pero tiene que ver con mis ladrillos también.
Gracias, visitantes de lujo, que siguen pasando a pesar de que en este blog no pasa nada más que de vez en cuando!