29.4.08

Un flash de Guanajuato, Café Dadá

El reflejo blanquecino que entra de la plaza me hacía parpadear, como siempre. Aunque medio perdida por el contraluz, alcancé a darme cuenta de que la mujer sentada a un par de mesas de distancia era la misma del otro día. Su aspecto es un tanto enfermizo: pálida, con la piel apergaminada y flaca; sin embargo tiene una vitalidad envidiable. A mí me encanta; es una de esas viejas que me sacan un poco el miedo a llegar a ser una anciana bruja sin nada de sex appeal, ni siquiera retórico. Ella da la impresión de traer siempre alguna maldad en la mente; fuma ahí, sola, sentada mientras observa al mundo, y se le escapa como una sonrisita comprensiva entre pitada y pitada. Me pareció que me estaba mirando directamente, y esos arsenales de experiencia de la vida me traspasaban como si yo no fuera más que una radiografía.

Me levanté de mi mesa para saludarla; al hacerlo, no sé por qué, tuve mayor conciencia de nuestra diferencia de edad. La mujer me agregaba juventud; podía sentirme una muchachita soñadora e inmadura, con mi vestido rosa fuerte y mi buena cara al mundo. Pero no lo lograba del todo porque todavía sentía encima sus ojos de zorro.

Le dije: -Hola, Anne...¿Cómo estás?

Usé una sonrisa franca, enorme, distendida: trataba de recuperar a la muchachita a pesar del zorro. Ella me saludó con la cabeza; esa vez que estuvimos en la misma mesa me enteré por casualidad que era de Irlanda. A Guanajuato lo eligió en un mapa: éste, un lugar céntrico de México para terminar mis días. Anne...ella se dice Ana...

Me dijo: -No va a llover hoy, por fin. Está soleado otra vez.

Yo le contesté que sí. El contraluz me seguía molestando. Y por decir algo, agregué luego: -Me gustan los días como hoy: me dan ánimos.

En el momento en que dije “me dan ánimos”, noté que los ojos de zorro se aflojaron dejando lugar a una mirada cansada y azul oscura, una mirada de hechiceros celtas exiliados, una mirada de lágrimas en pausa, algo, de tristeza fumada a solas en un cuarto. Fue como un soplido que me contó sin palabras de sus escalones depresivos. Sentí su alivio; estaba muy de acuerdo conmigo, más que de acuerdo. Estos días dan ánimos porque estar animado sencillamente no va con la naturaleza de la vida.

28.4.08

¿Para qué gastarse en escribir lo que uno siente, si hay quienes lo hacen mucho mejor?

I.

"Soy un hombre enfermo. Soy un hombre malvado. Soy un hombre desagradable. Creo que tengo mal el hígado. Pero no sé nada de mi enfermedad. Ni siquiera puedo decir con seguridad dónde me duele".

(...)

"Sí, tengo cuarenta años. Cuarenta años son toda la vida, son...ya una vejez. Vivir más de cuarenta años es una desgracia, es algo inmoral y vil. ¿Quién vive después de cumplir los cuarenta años? Respondan sincera, honradamente. Yo se los digo: los imbéciles y los malvados. Sí, esos son los que viven más de cuarenta años (...) Tengo derecho a hablar así porque sé que yo viviré hasta los sesenta, hasta los setenta, ochenta años!... ¡Esperad, dejadme recobrar el aire!"

***

"Hoy todavía no sabemos dónde se oculta la vida, qué sitio es ese ni cómo se llama. Si nos abandonan, si nos sacan los libros, nos veremos inmediatamente perdidos, todo lo confundiremos, no sabremos adónde ir ni cómo, ignoraremos qué se debe amar y qué se debe odiar, qué debe respetarse y qué no merece sino desprecio. Hasta nos molesta ser hombres, hombres de carne y hueso; eso nos da vergüenza, lo consideramos una falta y soñamos con llegar a convertirnos en una especie de seres abstractos y universales. EStamos muertos desde el momento mismo en que nacemos. Además, ya hace mucho tiempo que no nacemos de padres vivos, lo que nos llena de orgullo. Pronto descubriremos el modo de nacer directamente de las ideas."

Respectivamente, comienzo y fin de Memorias del subsuelo, de Fedor Dostoievski... ¡y qué subsuelo! Bien propio de un escorpiano, como el buen Fedor y esta servidora. Además de la genialidad obsesiva y pesimista de su impresionante narrativa (propia para gente angustiada luego de un fin de semana doloroso), además del chispazo genial de visualizar el peligro de internet y los medios de comunicación interpersonales que cada vez nos implican menos corporeidad y más mente, me encanta poder sacarme algunos años en esa confusión identificatoria con el escritor. Porque, finalmente, luego de los cuarenta -¡e incluso de los treinta, si somos sinceros!- más o menos es todo lo mismo: cuatro o cinco añitos no hacen nada al golpazo de tener cuarenta, si se me permite un poco de cinismo, pero sólo por hoy... :-)

25.4.08

El diario íntimo de llavecita dorada (alegato masculinista pro el derecho a la historia personal)

Yo, como tantas niñas, tuve un diario de cuero color vino, repujado, con una maravillosa llavecita dorada. En mi caso particular, seguí escribiendo toda la vida y necesitando llavecitas doradas a cada paso, seguramente por una gran fragilidad de identidad que se siente amenazada por cosas que a los demás les parecen sólo opiniones ajenas. Yo no, yo necesito esconder una parte de mi alma, de lo contrario corro el riesgo de ser devorada. Lo del color vino fue circunstancial nada más, no creo que haya tenido mayor influencia en mis posteriores hábitos o placeres.

Ahora bien: ¡pobres hombres! No sé por qué, los adultos casi siempre les regalan estas cosas a las niñas; rara vez a los varones. Con esa exclusión, dan a entender que la introspección es, al final de cuentas, una característica ligada al sexo femenino, quizás incompatible con la tradicional acción del sexo masculino. Resulta que si un hombre no sufrió alguna enfermedad importante durante su infancia, seguro que tuvo pocas oportunidades de parar el mundo y reflexionar sobre sí mismo. Yo abogaría por el derecho universal a la llavecita dorada; es demasiado importante como para que quede sólo en manos de niñas presumidas...

24.4.08

Cadavre exquis...

"El cadáver exquisito beberá vino nuevo"

Esta frase, aunque en francés, formó parte del primer "cadáver exquisito" que se escribió colectivamente por los surrealistas allá por 1925, seguramente con André Bretón, Tristán Tzara y Paul Eluard entre sus secuaces, o alguno de ellos. Es una técnica fantástica y muy divertida, capaz de tirar sobre la mesa proyecciones del inconsciente colectivo de quienes participan; me acordé porque estuvimos trabajando con una variante más racional de la técnica en los talleres, cuando VM comentó que acababa de leer esta genial frase y su origen.

La leo en voz alta, la encuentro bella y me da esperanzas, ansias de resurrección, fortaleza para enfrentar la vida. Seré un cadáver ahora, quizás, pero al menos soy exquisita, y mucho más importante que eso, promete que beberé vino! Y aunque sabemos que el vino nuevo no es el mejor, la propia palabra, "nuevo", asociado con algo tan místico y cargado de simbolismo como el vino da ánimos para renacer hasta al más perezoso de los mortales.

Un excelente sumario de principios y más sobre esta técnica/juego/expresión existencial en El Florido Byte

18.4.08

No fue la última vez que lo vi (Darno)

El inconsciente es impresionantemente sabio, sin duda mucho más que esto que llamamos "nosotros", "yo", y que sólo se refiere a la conciencia racional. Escribí que en uno de mis días aciagos, a punto de volver a vivir en México, vi al Darno por última vez en mi despedida; anoche soñé que él estaba grave, internado en un hospital, y yo tenía un problema muy importante en la espalda y estaba internada en la habitación de al lado. Era curioso que mi internación era, a su vez, ambulatoria: yo entraba y salía del hospital como si nada, pero mi habitación seguía siendo esa. Me llamaba la atención lo gigantesca que era, con enormes camas, y sin que hubiera otro ocupante que compartiera el espacio; ciertamente era como un hotel y de los buenos, con el inconveniente de que los fines de semana esa mutualista se convertía en centro de esparcimiento de innumerables familias que veían allí la TV, usaban los jardines y hacían muchas actividades recreativas. Yo regresaba uno de los días y me encontraba mi habitación plagada de gente, de niñitas que revisaban mi ropa en los placares y a quienes detenía con mi petrificante mirada de Medusa ante el desconcierto de las madres. De viejitos que se aposentaban por doquier a tomar el té y no me dejaban acceder a mis propias cosas, de hombres mirando interminables partidos de fútbol. Pero eso, tarde o temprano, terminaba y otra vez la semana normal empezaba tranquilamente.

A todo esto, el Darno seguía convalesciente en la habitación de al lado. Me decía a mí misma que luego de bañarme y vestirme decentemente iría a verlo, que no podía ir en pijama, pero tanta gente invadiendo mi espacio hacía la operación más complicada. También, vanidosa, me daba cuenta de que yo estaba toda desarreglada y fea; no me gustaba visitar a mi admirado admirador en ese estado, aunque después me di cuenta que si yo misma estaba internada, cualquiera se daría cuenta que no me sentía demasiado bien y eso se reflejaría en el aspecto. Pero pasaba y pasaba el tiempo y yo no iba a verlo, aunque seguía el movimiento de su habitación por la ventana, lo veía pedir que le alcanzaran algo, y sentía renacer mis esperanzas de que no muriera. "En realidad, no era verdad eso de que lo vi por última vez en mi fiesta de 1999, ahora mismo lo estoy viendo!", me decía con alivio. "Menos mal, su muerte fue sólo un malentendido, una conclusión apresurada..."

Recuerdo que en el sueño también pensaba que era extraño que lo hubieran puesto en una habitación tan pequeña, que en aquel hospital había cuartos "para celebridades" (lo que no carece de lógica, pues la gente con muchos seguidores siempre recibe más visitas). Luego, en la vigilia, me vino claramente el recuerdo de mi amiga M. de México cuando estuvo aquí de paso: ella me contó que cuando trabajaba como arquitecta en Gayoso, la funeraria más importante del DF, diseñaron una sala para la gente de la farándula, políticos, etc en cuyo velorio se concentraban multitudes que distorsionaban el funcionamiento del lugar. El paralelismo con mi sueño es obvio: durante mi trayecto onírico, una parte de mí *sabía* perfectamente que el Darno estaba muerto, aunque quisiera concebir esa última esperanza de que sólo estaba enfermo. Y, por otra parte, también es una queja de que no se le reconociera lo suficiente en vida: estaba en una sala común cuando tendría que haber estado en una de esas salas gigantes que inventó mi mundo fantástico, cuartos de hospital donde internan a los famosos para que den conferencias de prensa y reciban tributos de los admiradores.

Pero el insight del sueño no termina allí: en teoría, yo pude haber visto a Eduardo cuando regresé a vivir a Uruguay. El estaba muy mal, es verdad, y yo tenía un bebé de meses y estaba aterrizando en un nuevo-viejo país, pero en teoría igual podría haberlo visto: era sólo llamar y decir "¡Estoy aquí!". Sin embargo no lo hice (y por supuesto, eso me pesa terriblemente, considerando el esperado-inesperado desenlace), y no lo hice porque *yo también estuve mal, muy mal* durante esos dos años que volvimos a coincidir en Uruguay sin vernos. Yo estaba "internada en la habitación de al lado", yo no podía sostenerlo, comprenderlo, curarlo, y ahora mis antes precarias alarmas de supervivencia emocional estaban activadas por la existencia de un nuevo integrante en mi vida, un duende frágil, un sueño de ojos azules y sonrisa. Es tan, pero tan claro el planteo del sueño, que cuando él estuvo internado en 2006 yo ni siquiera me enteré porque yo misma estaba internada, aunque en mi domicilio. Y todas las veces que pensé en llamar al Bertolucci-Ñoquis-Ñoquis (si seguía siendo ese su teléfono), una voz interior me advertía que yo no podía esta vez con el paquete, que me protegiera. Que no podría ser su donante de sueños, como antes, que no podría llevarle una transfusión de vida y energía, de esperanza y luz, porque yo misma las necesitaba para mantenerme en este mundo. Porque ahora yo tenía una misión que iba más allá de mí misma. Sin embargo, siempre tuve la certeza de que él seguiría allí cuando yo volviera a estar bien (los de Escorpio, ambos, siempre nos regeneramos y levantamos de nuestras cenizas, hasta que somos cenizas), cuando volverlo a ver no me pusiera en un riesgo de sombras.

Mi última oportunidad pasó de golpe cuando leí la necrológica de Patricia por casualidad; me recorrió un escalofrío por la espina dorsal: supe que Eduardo estaba en *grave peligro* y ahí sí, días después dudé. Podía sentir la oscuridad que lo estaba envolviendo y llegué a tomar el teléfono, pero no llamé. Luego supe que de todos modos él estaba en Villa Carmen en esos momentos, que nunca lo hubiera encontrado en su casa. Y luego el cajón envuelto en la bandera, las flores rojas, las notitas que deja la gente en la bitácora del velorio, la cara triste de los tíos viejitos, la mirada fuerte y llena de vida de Chichila, la muchacha desolada que tenía los mismos ojos que Patricia y seguramente era su hermana o familiar. No era una sala de Gayoso para celebridades; era sólo una sala de Martinelli, aquí, en Uruguay, país donde las estrellas no existen, y sin embargo estaba llena, llenísima, y la gente hablaba en susurros que sumados eran el final inconfundible de "Todavía las flores" (...quise decir "Ni siquiera las flores"...)

Es decir, mi inconsciente hizo por mí dos cosas anoche: me devolvió por un rato la esperanza en la irrealidad de la muerte, en que Eduardo Darnauchans estaba todavía peleando por la vida y podíamos recuperarlo, quizás. Y me explicó, me consoló, me perdonó claramente: "Cuando él estaba internado, enfermo, tú también lo estabas. No podías ir como una visita más, no era tan fácil. Y eso que estaban en habitaciones contiguas".

Lo cuento acá para quien pueda servir, y así no atomizo a G., pobre, que siempre me mira con cara de "Mirá vos"...


(foto de su último concierto en la Sala Zitarrosa, 25/11/2006, tomada por Sorgin/Agustinz)

17.4.08

El día aciago de mi calendario

El calendario azteca tenía 18 meses de 20 días cada uno, y un mes llamado nemontemi de sólo cinco días y seis horas, lapso considerado como aciago por lo cual se interrumpía toda la actividad ordinaria, se ayunaba, se buscaba la instrospección, todo se vaciaba. Correspondía al fin del año civil, es decir, el nemontemi siempre implicaba un nuevo comienzo, o al menos hasta el fin del sol en curso (por cierto, este Quinto Sol terminará posiblemente por terremotos en diciembre de 2012, así que a dejar los asuntos pendientes en orden, por las dudas!). Bueno, yo al igual que los aztecas, también tengo mi "día nefasto", ese día en el calendario personal en el que pueden pasar las cosas más tremendas e intensas, y que no se sabe bien por qué hay una tendencia a que se ubiquen allí, que se encaramen desde su extraña naturaleza cíclica. Dice el Diccionario de la Real Academia:

aciago, ga.
(Del lat. aegyptiācus [dies], día fatal).

1. adj. Infausto, infeliz, desgraciado, de mal agüero.

A mí me han pasado cosas muy fuertes los 17 de abril de distintos años. Cuando fui al Claustro de Sor Juana, en la Ciudad de México, emocionada comprobé que la Décima Musa había muerto un día como hoy, un 17 de abril: más claro imposible, era una guiñada del universo, que utilizaba mi alter ego de Sor Juana para comunicarse conmigo y explicarme esta manía de la desgracia o de los territorios difíciles. Todo empezó en 1995: sin previo aviso, mi tío cómplice de la mirada ácida sobre el universo, mi tío transgresor, sensible y brillante, uno de mis compañeros de ruta más valorados, insoportable, paranoico, entrañable, murió sin darnos tiempo a nada. Estuve mucho tiempo oyendo tangos y sin poder soltar del todo el alma del Pocho Pedetti. Al año le di una misa y sentí que por fin empezaba (empezaba, nunca fue del todo) a recuperarme.

Al llegar a casa, encontré un mensaje en el contestador en el que mi amiga P. de México me decía simplemente que la llamara. ¿Ella, que es tan cálida, un mensaje así de seco y al grano? Ya desconfiada, la llamé desde la isla de edición aquella noche (yo trabajaba en el horario nocturno, de madrugada,que era cuando los impagables aparatos de Imágenes quedaban libres), y si bien no la encontré pude enterarme de la noticia: mi amiga Ana Gardos había muerto en un accidente, a los 32 años. Irreparable.

Pero la conciencia del 17 de abril se reafirmó cuando un par de semanas después me llegó una carta donde supe que inmediatamente después de la muerte de Ana, si no fue ese día fue el siguiente, mi compañero de graduación y amigo José Manuel de Rivas (alias "Pibody") había muerto sin que se aclararan demasiado las circunstancias, en el metro Bellas Artes. El sentimiento del día aciago, del nemontemi durante el cual más nos vale quedarnos en casa, ayunar y rezar, se hizo más fuerte.

Durante ese mismo año, hicimos todo el proceso rumbo al implante coclear de mi compañero. Era una decisión muy dura, arriesgada, y la fecha de la operación se fue demorando. Al final, pasó para 1997, y como se atravesaba el verano (cuando todo se detiene) el doctor decidió aplazarla "para marzo o abril". Yo sólo podía decirme interiormente: "...mientras no sea el 17 de abril..."

La autorización del hospital y la gestión del doctor enfrentaron mil complicaciones, así que no había margen para flexibilidad alguna. Un día, este doctor para el que no alcanzaría monumento alguno, Hamlet Suarez (nótese el nombre de pila), nos anunció: "Ya está la fecha. Es el 17 de abril".

La suerte estaba echada. No quedó otra que enfrentarla.Y la operación duró 8 horas, no 4 como estaba previsto. Durante esa eternidad, no logramos que en la Asociación Española de Socorros Mutuos nos dieran el menor informe de la causa de la demora, si las cosas estaban saliendo bien, si había algún inconveniente, si G. había muerto, lo que fuera. Tuve la menstruación por segunda vez en el mes, a los diez días que la anterior. Quería que llegara mi madre cuanto antes (que había perdido el avión en EEUU y estaba varada en San Pablo tratando de volar hacia Montevideo) simplemente para poder desbarrancarme y caer en los brazos de alguien que me recogiera del piso, si algo llegaba a salir mal. Por suerte no fue el caso, pero pagué caro ese dolor una vez que pude aflojar.

Y así, salpicados 17 de abril siguieron siendo fechas clave del dolor y lo duro de enfrentar. Por ejemplo, hace dos años, una de las peores crisis depresivas de mi historia, tan importante como para reparar después en el calendario y ver la coincidencia (¿o sería inconscientemente el "síndrome de aniversario"?). Otra pincelada: la fiesta de despedida rumbo a México en 1999, en el sótano de mi casa, a dos semanas de partir rumbo a lo desconocido y con todas las despedidas que aquello implicaba. Algunas serían despedidas para siempre y ni siquiera lo sabíamos: fue la última vez que vi al Darno, a mi tío Pepe, a Pablito Pairá...

Día aciago. Cerrar las ventanas. Temblar ante cada correo que baja. Convocar a los dioses para que nos permitan mañana, viernes 18, "un nuevo comienzo". Recordar a los que se fueron. Abrir el paraguas. Rezar bajito.

semana 16 día 108 faltan 258

(Año) Chiconahui Técpatl
(Día) Macuilli Ollin
(Veintena) Tlacaxipehualiztli

16.4.08

Signos sospechosos

Estoy empezando a incubar una sospecha sagaz: por estos lares, entre el lunes y hoy nos acercamos de golpe a una frontera cíclica para tener en cuenta. Varias señales delatan inequívocamente la transición ritual a la que nos enfrentamos. No hay más remedio, aquí vamos de nuevo:

1. En casa encargamos dos toneladas de leña y la estufa empezó a acompañar con su noble fuego desde el centro del patio con claraboya
2. Compramos garrafa para que mis alumnos del taller no se acobardaran y estuvieran contentos durante nuestro segundo encuentro: fue cálido en los tres grupos, por suerte (en todo sentido, digo)
3. La caldera sonó por las noches, no para preparar habituales mates y tés, sino para -oh, vergüenza, ya en abril!- llenar mi ahora desempolvada bolsa de agua caliente. Qué felicidad, hasta octubre no paro!
4. Guardé la ropa estival en una caja que la ropa abrigada le dejó libre.
5. Reaparecieron las camisetas para mí y para Astor (mi abuelo Tito era un fanático, las usaba gran parte del año hiciera frío o calor para evitar los cambios bruscos de temperatura a los que nos tiene acostumbrados este país: noche del lunes, 3 grados, pronóstico para el jueves, 26).

En la escuela nos enseñan que cada estación dura tres meses, así que el invierno estaría empezando por el 21 de junio... si eso fuera cierto. En Uruguay en verdad dura seis meses, pero digamos que su comienzo y su fin es más leve que ese gélido epicentro trimestral. Bueno, lo publico aquí: alerta, alerta, el invierno está empezando. Se ve venir, amenaza, resfría, enfría. Pero por ahora con sol ¿qué más puede pedirse? Es un cambio de óptica solamente, un reajuste emocional: lo climático es sólo un detalle colateral sin importancia. Mi amiga P. decía que a ella le hubiera gustado conocer las playas en invierno, que en México -con su verano eterno en las costas, a nivel del mar- era difícil imaginarse a Dashiel Hammett ensimismado caminando contra el viento, bien abrigado, con el mar rugiente al lado.

Tiene su encanto. Sí, tiene su encanto, seguramente tiene su encanto (hacer planas cada mañana, al despertar y tener que salir de la cama al gélido patio de una casa centenaria).

Y bueno, es lo bueno de los ciclos: finalmente, podemos contar con ellos. Pronto podré decir con propiedad, otra vez, como cada año hace tres años: "Montevideo, casi la Antártida".



Ver "La marcha de los pingüinos", en cómica versión 30 segundos de Angry Alien Productions

10.4.08

Un pedacito mágico de Cortázar

"Entonces Gregorovius le preguntó cómo era Montevideo, el perro se disolvió de golpe, porque él no estaba bien seguro de que ella fuese uruguaya; Lester Young y los Kansas City Six. Sh... (Ronald dedo en la boca).

- A mí me suena raro el Uruguay. Montevideo debe estar lleno de torres, de campanas fundidas después de las batallas. No me diga que en Montevideo no hay grandísimos lagartos a la orilla del río..
- Por supuesto - dijo la Maga -. Son cosas que se visitan tomando el ómnibus que va a Pocitos.
- ¿Y la gente conoce bien a Lautréamont, en Montevideo?"


(Rayuela[11](-136))

7.4.08

Las tribulaciones del Ave Fenix

Hoy empiezo un nuevo ciclo, tres grupos del taller de motivación literaria anual.

Entre los participantes, hay algunos alumnos de los miércoles del año pasado que ahora han quedado distribuidos entre las nuevas opciones de horario, por lo tanto ya no es aquel querido grupo que fuimos cultivando a lo largo de un año. Las "veteranas de guerra" de los jueves fueron dadas de alta por mí (es un decir: la locura literaria nunca se cura, si está bien puesta), arrojadas en cruel sacrificio a las fauces de la autogestión, juas! (las extrañaré horrores, casi tres años compartiendo con algunas, y no sólo letras sino vinos, risas, premios, y anécdotas impactantes como la fugaz irrupción de "Llamó Usted"). Por suerte también empiezan varias del taller de historia personal de este año: luego de ese rito iniciático de la autobiografía, uno siente que se conoce hasta el tuétano, aunque haya compartido sólo cinco encuentros! Los demás son todos nuevos, buaaaaa!!! (ellos deben pensar lo mismo; lo bueno es que por lo general en poco tiempo se arma un buen ambiente, mágico, muy sincero y fértil en descubrimientos, en destapes, en exploraciones, pero no quita que al principio todos estemos a la expectativa).

Qué lindo es cuando estas actividades se nos vuelven a todos, los que coordinamos y los que asistimos (porque yo también he participado de mil y una propuestas en varias áreas), parte de nuestros pilares, de los rituales buenos de la semana, un punto más de la lista del "haber", un contacto momentáneo con el sentido. Ya llegará. Tengamos listas las copas para ese día. Lo cierto es que sí, este año terminó algo que cumplió su ciclo y empezó (empieza hoy, a las 20 hrs) algo nuevo, con nueva gente, con nuevos códigos que iremos inventando. Y el Ave Fenix se despide una vez más, destruye, termina, y vuelve a surgir... (al fin y al cabo soy de Escorpio, abusen, nomás, que acá siempre nos regeneramos!)

2.4.08

Mi amado Nick

(gracias por el rastro, Gabriel Prado)

Hoy le saqué las telarañas al reproductor de MP3, hacía meses que me había olvidado de su existencia. Tenía que salir de casa (algo que se está volviendo cada vez más exótico en mis rutinas, pero lo extraño horrores), tomar un ómnibus y mirar para afuera por la ventanilla de una mañana lluviosa: ¿qué mejor que escuchar a Nick Drake? Mi hermano me regaló en Navidad el pack conmemorativo de Fruit Tree, con sus 4 discos y un DVD: mejor regalo imposible, lo lanzaron en diciembre en EEUU y nunca creí conseguirlo. Para nuestra sorpresa, resultó traer los discos de pasta, iguales a los originales, en vez de los esperados CDs! Frustrante, pero un hermoso objeto de colección para un fanático: tengo los discos ahí, en el salón de los talleres, acompañándome siempre. Escucho a Nick Drake cuando estoy por atravesar las grandes gestas, cuando estoy tan triste que quisiera morirme, cuando estoy feliz y festejo la vida,cuando estoy aterrorizada y busco valor. Siempre que necesito compañía en algún tipo de viaje, ahí está Nick Drake. Lo conocí por el Darno, junto a otras maravillas en cassette como Angelo Branduardi, pero de éste me enamoré a primera oída. Y justo esta mañana, cuando me iba a bajar del ómnibus, me vino una especie de emoción escuchando "Fruit tree", esa lucidez despiadada de que sería famoso tras su muerte, ese sentimiento sin solución de no ser comprendido, esa parálisis que no lo dejaba actuar en escenario, "live", pero que para felicidad nuestra aunque sea le permitió grabar en estudio y dejarnos esta ventana a su mundo interior.

Y ahí está siempre, revoloteando con su historia trágica y grandiosa, con los fatídicos 27, con su rostro bello y su postura maltrecha, con la depresión atenazando almas sensibles,con el suicidio a lo John Kennedy Toole, convencido de que no valía o que no sería comprendido. Ahí está con toda su gloria apenas vislumbrada en vida, con tantos fantasmas del futuro peregrinando hasta su casa y hasta su tumba, para sorpresa de sus padres. Nick Drake es un ambiente, un estado de ánimo, no un músico más.

Fame is but a fruit tree
So very unsound.
It can never flourish
Till its stalk is in the ground.
So men of fame
Can never find a way
Till time has flown
Far from their dying day.
Forgotten while you're here
Remembered for a while
A much updated ruin
From a much outdated style.

Life is but a memory
Happened long ago.
Theatre full of sadness
For a long forgotten show.
Seems so easy
Just to let it go on by
Till you stop and wonder
Why you never wondered why.

Safe in the womb
Of an everlasting night
You find the darkness can
Give the brightest light.
Safe in your place deep in the earth
That's when they'll know what you were really worth.
Forgotten while you're here
Remembered for a while
A much updated ruin
From a much outdated style.

Fame is but a fruit tree
So very unsound.
It can never flourish
Till its stock is in the ground.
So men of fame
Can never find a way
Till time has flown
Far from their dying day.

Fruit tree, fruit tree
No-one knows you but the rain and the air.
Don't you worry
They'll stand and stare when you're gone.

Fruit tree, fruit tree
Open your eyes to another year.
They'll all know
That you were here when you're gone.