26.3.08

Pedacitos mágicos amarillentos desde México

Tocaron el timbre y ahí estaba mi amiga M. del 4 E del Colegio Madrid, con los mismos ojos celestes de aquella cara joven de ángel botticeliano. Ella: con mole, Maseca y obleas; yo: con Tannat, ricotta con chipotles y empanadas. No nos veíamos desde el año 81 u 82 del siglo pasado (¡gracias, FB, telaraña contemporánea, tan pegajosa y llena de promesas cual hilos invisibles, casa de las arañas que inspiran a los escritores, madeja de redes en este mundo solitario!). Casada con uruguayo: ¿qué haría por aquí, de otra manera, casi en el otro extremo del continente, de Monterrey a Montevideo y viceversa? Madre con carácter, buena cocinera con proyectos, autoadoptada montevideana y mercedina, aquella muchachita tímida que parecía no tener mayor conciencia de su belleza física (había en ella algo demasiado etéreo, quizás aquella energía tan light no llamaba la atención de los hombres tanto como se hubiera merecido)... ¡resulta que se me ha convertido con los años en "La Doña"! Me he divertido al verla tan cambiada, desenvuelta, con el ceño fruncido al hacer aquellos cuentos donde sus chicharrones truenan, y para nada extrañaría encontrar una escopeta o un sopapo bien plantado. Si M. hubiera sido como es hoy, con la madurez de las experiencias y ese conveniente añejado en barrica de roble, seguro hubiéramos sido mucho más amigas en aquel lejanísimo entonces de los dieciseis recién cumplidos. Hoy tenemos, además, la ventaja de haber entrelazados nuestras historias de pareja y de hijos cada una con el país de la otra.

El shock de la noche vino cuando me entregó un cuaderno forrado con plástico, las hojas a punto de desprenderse y papelitos con amarillentas cintas adhesivas que prescribían cuando eran abiertos. "¿Qué es esto?", le dije. Ella me aclaró, triunfante ante mi -inusual- falta de memoria: "¡Nuestro chismógrafo!".

Fue un experimento conjunto terminado el 1 de febrero de 1980, en el que sometimos a nuestros casi 45 compañeros de clase a contestar una serie de preguntas (elaboradas por nuestra dupla), y con el evidente objetivo de colaborar a que se armara un mejor ambiente en la clase, algo más cálido, con compañerismo. Es interesante cómo todos accedieron de buena gana, aunque a veces se tiraran granadas prendidas. Yo venía de un grupo maravilloso en otro colegio, me costaba llegar a este lugar donde una brecha invisible separaba a "los nuevos", como yo, de los auténticos, tradicionales, verdaderos miembros del Colegio Madrid, que parecían ir por el mundo con un VeriSign otorgado por el mismísimo Rey Juan Carlos (dicho sea de paso, en aquel entonces el monarca era nuevo y no decía "¿Por qué no te callas?"), aunque fueran de la más pura estirpe republicana. Este colegio había sido la escuela de los niños de refugiados de la República Española en el exilio, cuyo gobierno simbólico se estableció en México; luego, recogería también a muchísimos de los hijos de refugiados del Cono Sur, lo que completó ese extraño clima intelectual y contestatario. Con el tiempo, yo también me convertí en miembro VeriSign de la elite que pertenecía al lugar, miembro de esa especie de secta Alpha-Rho-Sigma-o-Qué-Sé-Yo que es este colegio allá en México; de sus salones y pasillos surgieron montones de figuras públicas destacadas en el cine, TV, música, literatura, investigación et al por aquellas tierras, y la cosa parece funcionar como entre camaradas de la Guerra de Vietnam: primero, uno se reconoce o identifica como Veterano, o sea como miembro del Glorioso Colegio. El proceso se catapulta en este primer reconocimiento entre cofrades a partir de escrutadoras miradas y sonrisas cómplices de "sólo nosotros sabemos lo que eso significa"; después se le pregunta por el batallón, división o similar (es decir, a qué generación pertenece)(nótese que no digo "perteneció"), y acto seguido se prefiere, adopta, contrata o elige a esa persona por encima de casi cualquier otra, aún sin conocerla demasiado (nuestros profesores, por ejemplo, eran casi todos ex-alumnos del Madrid). Es un Rotary Club de la ciencia, arte y cultura mexicana, un tatuaje indeleble, un aleatorio título honoris causa, un dolor de hígado para maridos y esposas que no ostentan el privilegio. Pero para los que estamos adentro -quizás gracias a la elucubración calculadora de chismógrafos en el momento justo, guitarras y canciones en los pasillos cada jueves o similares procedimientos seductores- es maravilloso, pa´que miento! Supongo que todo aquello debe haber cambiado mucho en los últimos tiempos: no sólo me han contado que la orientación del colegio es muy distinta que la de entonces, que era muy crítica y alentadora de lo creativo, sino que en su web ni siquiera se hace mención de su historia (casi 70 años) y sus explícitos orígenes republicanos. Eso debe espantar a los promitentes padres de esta nueva era (bueno, quizás no a todos). Como sea, parece que hubieran barrido todo su pasado revoltoso de un plumazo... "¿El Madrid? ¡Pero...está lleno de drogadictos!"

Mi amiga se fue casi a las 3 AM (27 ó 28 años no se cuentan en una hora). Yo estuve leyendo cada línea del chismógrafo hasta las 4.30 AM, reconociendo nombres que tenía totalmente borrados en la mente, tratando de figurarme quién era aquel profesor que todos odiaban y llamaban "Ponch", riéndome sin parar por las ocurrencias ajenas, disfrutando de mi propia coherencia existencial y la de otros amigos (eso sólo se ve con las décadas), añorando a mi amado profesor César Bárzana de física y química a quien todos marcaban como su favorito (un Maestro mismo, capaz de inspirar a cualquiera, que se suicidó a los 32 años justo un tiempo antes de partir con una beca a Canadá: aquella noche se despidió de los padres, se vistió con su mejor traje que seguro contrastaría con su pelo tipo afro alborotado, puso música clásica y se envenenó antes de acostarse a dormir el último sueño). Y seguí leyendo adolescentes respuestas a adolescentes preguntas sobre el conflicto iraní o el candidato Kennedy en Estados Unidos (que ahora no tengo idea de quién es). Y desfilaban y desfilaban personajes, compañeros que últimamente han aparecido con el grupo de Facebook y a quienes creí que no conocía siquiera pero estaban en mi grupo, "mejores amigos" de aquel momento que no puedo recordar del todo. En realidad, mi gran zambullida en la amistad y lo que significó ese colegio vino durante el último año de la Prepa; mis mejores memorias, mis placeres fraternales, mi entusiasmo juvenil son en gran parte de entonces. Pero fue fascinante meterme en este viaje tan extraño de Cuarto Año(para nosotros, primer año de Preparatoria), lleno de polvo, telarañas y túneles oscuros. Por cierto, luego de que M. lo guardó durante 28 años, sentí que el chismógrafo empezaba a desintegrarse con mi atrevida lectura como si hubiera profanado la tumba de Tutankamon: caían los pedacitos, se desprendían las hojas, se desbarataba la portada, y quizás alguna bacteria milenaria esté ahora alojada para siempre en mis pulmones. Pero la tinta sigue firme, y eso es lo único que importa, SIEMPRE. ¡Cómo nos reiremos en el grupo Generación 82 cuando vaya largando con el tiempo algunas de las frases célebres que figuran aquí, o las puteadas entre compañeros, o los comentarios más cómicos! Dicho documento incunable merecería ser escaneado, hoja a hoja.

Hoy en Montevideo habrá un gran acto del Frente Amplio, un aniversario también de décadas. Esa es la explicación que me da G. cuando pregunto por qué de pronto en la radio están pasando la Internacional Socialista y las canciones de la Guerra Civil Española, como si se tratase del soundtrack de mi vida. El sentido común no me engaña, yo sé lo que está sucediendo realmente. Es que los hados de la memoria han sido convocados y casi siempre cantan cuando eso sucede.




Más:

"Memorabilia" del Colegio Madrid

Página oficial del colegio

Asociación de descendientes del exilio español

Generación 82 en FB

Lista de correos de Generación 82 (cerca de 100 miembros ya!)

El Madrid en FB (más de 500 sectarios del Alpha-Rho-Sigma-o-Qué-Sé-Yo mexicano)

23.3.08

¡Grande, Bob! (notita light pre-sopa de cena)

El Darno se hubiera reído de tu ocurrencia... o te hubiera perseguido a prudenciales metros en otra bici, y te hubiera llamado "Madame" con profusas reverencias, como siguiéndote la corriente...

"El legendario músico estadounidense Bob Dylan dio un paseo en bicicleta disfrazado de mujer por el balneario uruguayo de Punta del Este, donde cerró la noche del jueves su gira latinoamericana "Never Ending Tour", informaron los organizadores del concierto.

"Aprovechó el buen clima y la tranquilidad del balneario y salió a dar un paseo en bicicleta, disfrazado de mujer para evitar la persecución de fanáticos y miembros de la prensa", observó la gerencia de relaciones públicas del Hotel Conrad.
"

(publicado en El País, Uruguay, 21/3/08)

14.3.08

Increíblemente, me siento bien...

Sí, casi en paz, casi feliz. Me costó lo indecible tomar la decisión de suspender por tiempo indefinido los talleres por internet, mi obra docente de casi siete años empezada junto a Levrero (y ahí está la clave de todo el asunto: no se me podía ni insinuar que parara, que hiciera un impasse, era como si en el fondo sintiera que traicionaba su memoria) (la carcajada más discreta de Levrero acerca de esto se estaría escuchando ahora mismo en Punta del Este). Hacerlos bien, como siempre me ha gustado, insume una cantidad de energía, atención y tiempo que nadie imagina, y yo los venía haciendo mal (precisamente porque estoy agotada y en ocasiones enferma). Nada de tutorías, correcciones/evaluaciones literarias o talleres virtuales por un tiempo: pensar lo menos posible, recargarme lo menos posible, concentrarme. Tengo un lindo trabajo (dentro de todo) con la Unesco por unos meses, y los talleres presenciales donde se trata más de sentir que de pensar; llevan su buena cuota de tensión, como toda actividad escénica y que además trata con el alma, pero también devuelve motivación y energía.

Otra cosa linda fue haber "dado de alta" a mis alumnas más avanzadas, haberlas orillado a la autogestión (que pueden desarrollar perfectamente) ofreciendo la supervisión mía cuando haga falta. Las voy a extrañar montones; los grupos tardan en lograr esa confianza, y además aquí eran todas brujas y amantes del vino, de la risa. Pero bueno, también es un motivo menos de cansancio porque me hubiera implicado dar mucho de mí por muy poca remuneración a cambio, sólo por responsabilidad docente, y robándole otra noche a Astor. Tengo que darme los espacios para recuperarme, para no caer en el burn out en el que casi estuve.

Me siento entusiasmada. Veo posible volver a encontrar cierto placer en la vida, en los afectos, y sobre todo volver a escribir...

¿O serán las vitaminas que empecé a tomar? :-)

7.3.08

Darno: apenas un año, y todo lo que falta...

Hace mucho que no escribo aquí, mucho, mucho, según los calendarios y según mi percepción interior. Si lo hubiera hecho antes, quizás el tema hubiera tenido que ser –¡cuándo no!– la muerte, y eso me hubiera molestado. Sobre todo porque la gente podría pensar "¿Por qué vuelve recurrentemente a tan molesto tema, cuando tiene a su lado un solecito de tres años, con ojos más azules que los mares y la risa más conmovedora que puede imaginarse?". Y ahí mismo estaría la trampa: la muerte nunca fue una presencia tan incisiva, tan funesta en mi vida, como ahora, que está Astor, y *realmente* la cretina podría destruirme. Hace poco volví a sentir su mano helada tocándome la espalda de noche, esa corriente eléctrica u hormigueo inexplicable que me provoca escalofríos físicos y de la que sólo G. ha podido salvarme dándome su mano, que siempre está tibia. Sentí todos esos días que mi alma había perdido su capacidad de regenerarse, que no me curaría de vivir, que mi proverbial Ave Fenix había terminado, que simplemente me marchitaría día a día hasta lograr la confirmación externa de mi muerte. Luego releí un material de Constelaciones Familiares, en el que advertían que a veces uno de los miembros del sistema es atraído por la muerte y otro toma su lugar para salvarlo, típicamente "Yo muero por ti, mamá", pues los niños son muy sensibles ante dicha atracción. Me dio pánico y luché con todas mis fuerzas por subir de nuevo a la superficie; no sé si lo logré del todo, porque la alegría no termina de volver (desde hace mucho), pero prefiero estar conciente de las seducciones retorcidas de la maldita huesuda. No le hace honor a mi parte mexicana llamarla así, pero en este momento somos enemigas acérrimas. No puede ser de otra manera. Un hijo querido te cambia la vida para siempre, como bien sé como madre. Un hijo no querido también, como bien sé como hija, pero eso no es tan importante. Me contó una amiga de México que la primera vez que vio una foto de Astor le impresionó tanto su cara de ángel que esa noche soñó con él; así es de fuerte.

En ese mismo material, también leí que a veces uno de los miembros de la pareja es atraído por la muerte y el otro dice entonces: "Yo muero por ti". Gracias a Dios, no tengo ese problema: G. es macizo como el hierro que tan bien trabajaba. Pero recordé entonces la muerte de Patricia muy poco tiempo antes de que Eduardo bajara los brazos del todo, hoy precisamente hace un año ya. Me parece mentira todavía, aunque el electrocardiograma sigue espaciando sus latidos cada vez más (igual me cuesta muchísimo escucharlo cantar, es cuando más me duele, y lo lamento de verdad pues amo sus canciones, pero no tengo más remedio que tomarlas en dosis homeopáticas). El otro día compré el libro que acaba de salir por Editorial Planeta (Levrero en Alfaguara, Darno en Planeta: no hay mejor negocio que morirse cuando se es un talento no reconocido lo suficiente, al menos en este país!), de Nelsón Diaz, "Memorias de un trovador". Esas cosas son, como siempre, regalos póstumos: alivian. El Darno tenía mucho para decir y sabía hacerlo; era un placer egoísta escucharlo "sólo para uno", incluso cuando las conversaciones surgían de las intrincadas lógicas de la sordera y el alcohol. Horas telefónicas sobre Praga, charlas en el Sorocabana sobre Madame Bathory y las novelas de caballería... Lo quise mucho (¡lo quiero!) y siempre me generará cierta sonrisa cómplice pensar en él: no cualquiera anda por el mundo siendo tan quien es, y en estos casos se trata de seres irrepetibles, incopiables, divertidos en su personaje trágico, trágicos en el fondo, irremplazables, que dejan un buraco en el suelo que solían pisar, como si un meteorito hubiera arrebatado kilómetros de tierra con su impacto.

Y pensar que todos somos tan sólo eructos rebeldes de la conciencia de algún tipo de Dios o aciago demiurgo...

Como sea, no podía dejar de marcar el año de la muerte de Eduardo. Aún cuesta creer y el mundo es un lugar muchísimo más solitario después de eso. Hoy diluviaba y yo pensaba en su tumba, donde no podrían dejarse flores ni se verían colores más vivos que el gris o el marrón.