19.11.07

Radiante

Hoy viví una escena perfecta: el ómnibus, una tarde soleada, las típicas casas montevideanas a través del vidrio, "Penny Lane" y "Come together" en los oídos, un actor desocupado vestido con larga falda negra metiéndose con todo el mundo y haciéndolos reir en el pasillo (no escuché lo que decía, me da terror que me empiece a hablar, pero la gente se divertía). Nada podía ir mejor.

Y paseé un poco por la Ciudad Vieja (me hace bien ese lugar, de día); ni siquiera podía quedarme a tomar un cafecito, pero lo respiré en el aire: energía, cielo azul. Estuve tentada a entrar en la Catedral nuevamente, a ver si con una mejor óptica interna las cosas se veían distintas, pero no: ya sé que en eso no. En cambio, disfrute los edificios antiguos como nunca. Mis muertos y mis ausentes lejanos estaban, como siempre, pero eran parte de la fuerza de mis alas, no buitres posados en ellas.

Ahora me vengo a enterar de que cerrarán el Bar Mincho: ¡qué poco amor por el paso del tiempo, la historia! Y no lo digo por sus dueños, que a lo mejor están quebrados; lo digo por el gobierno, del bando que sea. ¿Cómo es posible que desaparezcan mapas enteros de nuestra propia identidad sin que nadie haga nada? Aún me lamo las heridas del Sorocabana (¡de los dos!); menos mal que no están ni el Darno ni Marosa para ver esto.

Pero no me voy a amargar. La vida lo obliga a uno cada vez más a interiorizar lo importante y seguir sin ello a la vista. Por ejemplo, al mirarse en el espejo, juas!

Chistecito de fin de tarde soleada.

15.11.07

VIVE VALEQUE, E. Darnauchans


Así firmaba el Darno los mails que me llegaron a México "gracias a las manos, el intelecto y la tolerancia de Nátasha, pariente de Ana Dostoievskaia" (o "nieta de Dostoievsky", según), alguien que me encantaría saber quién es y conocer algún día: mi única pista es que escribía desde
Tamborilearte a horas insólitas.


17 de abril, 1999/ Mi despedida rumbo a México

"P.D. 2: Como dicen, "hay que vivir".
Siempre sabe Ud. que quienes la despidieron (pueden) deben recibirla en las marcas de este sur.
¿Anda Ud. por ahí?
No se olvide nunca de Byron, "Love itself must rest".
–Or from me–
(About love)
DE PROFUNDIS CLAMAVO TE
Escrito sin pensar acordándome de cierta letra que cantaba Gardel: "Fuerza, canejo, fuerza y no llore –que un hombre macho no debe llorar".
Escrito sin pensar a las 05:30 am del 28/XII/999.

"The rest is silence"

Kiss (telón) servant Darno."


Feliz No-Cumpleaños, Eduardo, donde quiera que estés: festejamos los 53 que sí tuvimos... Gracias, gracias, gracias.
Con enorme amor de Madame, la del mechón champán y el guante impar, una en la legión de admiradores fidelísimos. Vive Valeque.


14.11.07

La inevitable tristeza del primer cumpleaños sin cumplir





Jueves 15 de noviembre - 22 hs.
"Salú, Darno"


• "El 15 de noviembre, el entrañable Eduardo Darnauchans cumpliría años. En Guambia, el lugar donde más cantó en sus últimos años, nos consideramos como uno más de su inabarcable grupete de amigos. Porque no olvidamos además que el Darno fue un trovador que marcó un rumbo. Con sus músicos habituales –Alejandro Ferradás en guitarras y Shyra Panzardo en bajo– más varios colegas más y amigos como Víctor Cunha, se nos ocurrió que no podía pasar la fecha por alto para homenajear su memoria. Invitamos a participar otros músicos, y con su público queremos recordarlo entonando todos, sin organización previo y en forma espontánea, para cantar juntos sus canciones. Es una invitación abierta, en la que esperamos que todos participen, para que ahora que no lo tenemos, tributarle el homenaje que todos le debemos por su militante contribución a que la música uruguaya sea hoy lo que es. Los esperamos, y nos gustaría que participaran abiertamente".

•Entrada Libre
La ubicación es por orden de llegada, habilitándose la sala media hora antes de comenzar la función. Informes: tel. 916 3800 en horas de la tarde. Servicio de cantina a precios populares. Estacionamiento vigilado.

8.11.07

El misterioso asesinato en la Catedral

Hoy entré a la Catedral, en la Plaza Matriz, triste, tristísima. En México siempre hacía eso; de hecho, también entraba en las iglesias cuando estaba feliz, con buenas noticias o animada por un día soleado, o cuando iba de paso a mis 180 escalones rumbo a la casita de Guanajuato, y asimismo entraba cuando no tenía nada que hacer, y cuando quería estar conmigo misma, o cuando quería descansar, cuando se me antojaba mirar a algún santo específico (los hay extravagantes allá, como San Chárbel con cintas de colores colgándole, o el Santo Niño de Atocha en una vitrina llena de juguetitos, o el Anima Sola, mujer semidesnuda surgiendo entre las llamas), o para prometerle cosas –que luego tardo siglos en cumplir– a Santa Teresa de Avila, o recurrir al abogado de los casos difíciles y desesperados, santo patrón en cuyo día por casualidad nací y que lleva el nombre de Judas (pero Tadeo, no Iscariote: no llego a tanto). Me hubiera venido bien encontrarlo hoy, con su medalla en el pecho, rodeado de milagritos colgando y veladoras, con la llama que surge de su frente como un chakra abierto.

Aquí en Montevideo, cuando se me ocurre entrar a una iglesia, primero tengo que refrenar mi impulso: "A ver si está abierta... ¿Para qué carajos sirve una iglesia cerrada, a la que uno puede ir "a misa" solamente?". Pero estaba abierta, hoy estaba abierta. Será que es la catedral. Así que entré.

Tenía un espantoso olor a viejo enfermo, a lugar donde hace siglos que no se prende incienso o mirra. A pesar del olfato malherido que me dejó la sinusitis, podía sentir cómo ese tufo a decadencia que no conocía esplendor previo, ese olor a hospital sin desinfectante por falta de fondos se adhería a mi piel, a mi aura. Pensé en irme, pero me pareció excesivo para alguien que se lamenta de haber dejado de percibir los olores casi por entero. Lo más triste no era ese aroma a piso sucio, a anciano agonizante sin bañar, sino la ausencia de otros aromas que recordaran la vida: aroma de flores, de ceras, de incienso de iglesia, ni hablemos del copal, que antes entraba desde el atrio impregnado en los danzantes aztecas. Igual me senté en una banca. El oro también faltaba allí: en el púlpito había un laminado propio de un aerosol graffitero, una capita apenas que emulaba no sé qué glorias celestiales que no se atrevía siquiera a rozar. El oro de esta tierra hubiera sido lo de menos, desde luego.

No es una catedral. Si acaso pudo haber sido un palacio legislativo. De cielo no sabe nada, de cantos, de misterios. Se veía que allí no se había prendido una vela ni siquiera para el cumpleaños del sacerdote. Pasaron dos o tres personas caminando, solemnes, por los pasillos, sin hacer ruido alguno; luego miré mejor, y puedo apostar que la pareja era de turistas: ella con su mochila colgada, él, con lentecitos y rastros inconfundibles de gringo. De seguro pensarían: "What the hell are we supposed to see here?", pero no se atrevían a decirlo en voz alta. Cerré los ojos para poder ver la Parroquia de San Francisco en Coyoacán, sobreponer su maravillosa luminosidad sobre aquella estampa desolada y pobre; por lo menos la nave, el altar y los laterales me ayudaban a lograr el efecto. Y confirmé que no se escuchaba nada, no había música afuera ni ecos adentro, no se colaban pregones desde la calle, nadie rezaba. Yo había sacado el MP3 dispuesta a darle mi propia voz al asunto, pero no pude escuchar música más que al final porque me pasé desenredando los cables que se habían confabulado como spaguettis. Supongo que es algo que nos sucede todo el tiempo, de uno u otro modo: perderse la música por desenredar los cables, pero insisto en que allí no había música alguna.

Al fin, el berrido de un niño retumbó rompiendo aquella comodidad malsana, llena de naftalina y flores muertas que no se ven con los ojos.

Salí, casi molesta por haber buscado refugio en un lugar donde no hay ni rastros de Dios. Enmarcan cada puerta horrorosas tumbas de señores blancos con cascos eclesiásticos, tan estáticos como el resto del edificio, yaciendo en segura muerte eterna. Y la pila de agua bendita estaba vacía, como era previsible. Vacía hace décadas, seguramente: ¿quién cree en Uruguay en el consuelo del agua bendita? Ni el cura. De hecho, dudo que se bendiga el agua, ni siquiera lo deben hacer para los bautismos: finalmente, es H2O. Luego se preguntan por qué alguna gente le pagó fortunas a los abusadores que traían el agua milagrosa de Querétaro (agua que el dueño de la hacienda de Tlacote daba gratis a los que la pedían). Yo por suerte traje a Astor de Querétaro, no los necesito.

Me fui escuchando a Silvio Rodriguez que me cantaba en ambos oídos, una voz y otra, jugando con el estéreo y la poesía. Qué alivio. Desde la parada del ómnibus, miré hacia arriba y enfrente: exploré varios apartamentos viejos, que parecían hermosos, con balcones de hierro y vidrios que reflejaban Montevideo. Los muros tenían texturas irregulares, carteles de conciertos ya pasados, detalles que bien ameritaban una fotografía. Ahí sí estaba Dios.

5.11.07

No más rituales a Huitzilopochtli hasta el año que viene!

Ofrenda realizada por la colonia mexicana en Uruguay, Embajada de México,
Día de Muertos 2007


Calaveras, flores y tequila: un taller sobre la muerte basado en la sabiduría popular mexicana

  • El arte de morir: trabajar mi propia muerte
  • Introducción al Día de Muertos en México
  • La dulce memoria de los que ya no están: hacer una ofrenda para este 2 de noviembre

A cargo de Gabriela Onetto, licenciada en Filosofía y coordinadora de talleres literarios
Embajada de México en Uruguay/ Espacio Cultural
Sábado 27 de octubre de 2007
de 15 a 19 hrs

Los que quieran ser incluidos en la convocatoria 2008, escriban a
tallermuerte@onetto.net para quedar en la lista (ya hay 25). El taller se hace el sábado anterior al 2 de noviembre y es una actividad gratuita, mientras Dios me dé vida y salú!


2.11.07

Mis tribulaciones en este Día de Muertos

Además del enorme resfrío que me ha estado haciendo zancadillas desde el martes (y del que no puedo zafar porque nunca me llega el momento de dormir, descansar o simplemente no tener algún plazo de trabajo que venza ese día), anoche ocurrieron varias cosas durante lo que debía ser, y terminó siendo contra mi voluntad, la velación. Es que estoy rodeada de mimosos, incluso entre los muertos me las apaño para conseguirlos divos, celosos e histriónicos. Y yo no ayudo mucho con esa naturaleza parrandera que trato de esconder en el baúl, por aquello de "madre", "docente" y "resfriada", pero justo en el día en que hay que celebrar la vida para cerrarle el paso a la Pelona no me voy a echar pa´atrás.

Veamos:

INVOLUNTARIA VELACIÓN DEL 1 AL 2 DE NOVIEMBRE, 2007
MONTEVIDEO, URUGUAY

  • Embajada de México - El asunto empezó con la inauguración de la ofrenda a Frida Kahlo, que era, por otro lado y en cierto modo, la culminación de mi taller sobre la muerte. Estaba hermosa, monumental, y en México no hubiera tenido nada que envidiar. Había gente de los talleres presenciales, del sábado pasado, gente de la colonia mexicana que conocía y trabajó creando esta obrita de arte que estará toda la semana que viene en exhibición, y luego empezó a circular el chocolate y el pan de muerto entre la concurrencia nutrida. Astor se prendió y eso le dio más baterías para seguir jugando entre la gente (finalmente, es su embajada ¿no?), conocí al Embajador, macanudo, y luego la Agregada Cultural dijo que nos lleváramos nuestro itacate. Salimos con un pan de muerto para el desayuno.
  • Bar Bacacay - Allí nos esperaba la bruja V. y su consorte; llegamos cuatro más y Astor, quien sopeó papas fritas en el agua y comió dos bolas de helado de chocolate, además de improvisar una piscinita para dinosaurios en los vasos y dibujar los manteles. A mí me esperaba el altarcito que le había armado al Darno antes de salir, pero ¡una botella más! ¡otra cosita! ¡un nuevo tema! ¡pájaros pintados por doquier! ¡el mozo es un poeta cubano que no sabe que existe el Premio Casa de las Américas y cuya cara se transmuta cuando recita sus décimas! ¡coincidencias! ¡confesiones de borrachos! Astor se durmió y los rufianes padres (y tíos postizos, taxistas y demás) llegamos a las 2 AM a casa. Por lo menos ya era la noche de Muertos (tenía la inocente idea de que podría llegar a dormirme antes de la medianoche); yo le había dejado una lámpara prendida al altarcito de Eduardo, no fuera a ser que anduviera por ahí dando tumbos.
  • Altar del Darno - Una foto del diario, con los ojos llenos de tristeza, desesperación y cansancio. Sorprendido, como quien no se sabe observado en tales sombras. Candelabros y cirios del mismísimo Pátzcuaro, lugar de lo negro. Flores. Una chalina que siempre llevé conmigo desde 1999 en que me fui a México otra vez. Un par de mails que, más que eso, son actuaciones privadas del inconsciente del Darno para mí, con sus "cantinflescas cortesías". Una botella de Chivas Regal y un vasito bien servido que hoy de mañana estaba más abajo (sí, ya sé, la evaporación, la ley de gravedad y el índice Dow-Jones). Discos para una grata visita (canciones de cuna sefaradíes, música medieval y renacentista, Nick Drake, una selección de tangos reos en disco de pasta), libros (clásicos como La Odisea, La Eneida, La Divina Comedia, poesía medieval italiana, y hasta un librito de Leopardi como guiñada). Fotos: montones. Bares, cafés, amigos, recortes de diario. El inhalador para el asma. El pan de muerto de la Embajada (no sólo de Chivas vive el hombre, aunque ahora sea cadáver!). También discos de él, por si le entra la nostalgia. Papel y pluma para escribir (la guitarra, suya, aparece en una foto que me regaló: supongo que servirá). La letra de "Sonatina" clavada con un milagrito mexicano de corazón, con los que decoré también cerca de su foto. Calaveritas. Una, grande y muy canchera, sentada con un vaso en una mano, como luego de una borrachera; a ese vaso le puse agua bendita just in case. Puse el disco de Canciones sefaradíes mientras prendía los cirios. Sí, el tiempo había pasado desde aquel recital mágico de 1984 cuyo cassette pirata también había colocado en el altar. Su voz estaba destruída, como la mía cuando trato de volver a cantar; la energía no fluye, la vida ya se retiró con un reproche ahogado. Este disco es lindo de oír sólo porque sabemos que efectivamente, se trataba del último aliento. Lindo de oír por la belleza que recuerda, no por la que en verdad crea. Pero era la música de su altar de muertos y, como tal, era perfecta.
  • Saqué fotos como recuerdo. Es bueno tener en mente que nuestro amigo realmente no está más en esta tierra, y que por eso protagoniza un altar, y no se trata de una broma cómplice. Las fotos me quedaron horribles: fuera de foco las que tenían flash (salvo las que tienen los cirios apagados, qué gracia), totalmente oscuras las otras, y en una de mis artísticas tomas me llamó la atención un brillito lindo que captaba el lente. Volví a mirar. Nada. Por el lente, más brillito. De pronto, reparé en que parte de los papeles, la calavera mayor de madera y una de las fotos del Darno se estaban prendiendo fuego (¡sobre piso de parquet!): tiré el vaso de agua bendita para refrescarle los pies a la Calaca, que quedó tiznada y en brasas por un rato. Una tapa plástica de Raras & Casuales se derritió un poquito. Al Darno se le hizo un agujero misterioso y lleno de colores en el aura, de la cabeza hacia arriba; en la foto se lo ve concentrado, con una lapicera en la mano, a punto de escribir algo. Lleva la chalina roja, distinta de la mía azul.
  • Después, leí los mails, reí, lloré, tomamos whisky, miré las fotos (especialmente la nuestra juntos), le dije un par de cosas, le pedí perdón por no haber ido cuando estaba mal (¡yo, la kamikase del inframundo, me daba cuenta de que me tenía que cuidar a mí misma!), y sobre todo le di las gracias por haber cambiado mi vida, por seguir cambiándola, por haber sido un privilegio en las casualidades, un honor.
  • También le prendí una velita a Levrero, Rubén y Pocho, no se fueran a sentir por mi dedicación al Darno. De nada sirvió. Pinches muertitos. No me dejaron dormir en toda la noche.
  • Eran ya las 4 AM. Ni miras de descansar y con resaca amenazando (no estoy para cocktails de Marylin Monroe, ya no estoy en edad). En la duermevela, un calambre terrible en una de las pantorrillas; trato de sacudirla para salir del espasmo muscular, levantarme. Inmediatamente entra en calambre la otra y me duele horrores. "Son mis muertitos rompebolas que quieren llamarme la atención. Claro, no les armé nada este año, sólo al Darno...me quiero dormir!"
  • Al rato: Astor por primera vez se cae de la cama. Cae arrodillado en el colchoncito, el cuerpo encima de la cama estirado, casi dormido. Parece que estuviera rezando. Lo acomodo. Son las 6 AM y todavía no logré dormir, me pasé "velando". Al rato amanece y todo el mundo se pone a llamar por teléfono.
Qué nochecita! El Darno casi me incendia la casa, los otros me tiraron de los pies (como si tuviera diez años y pudieran asustarme), y yo para colmos, con cruda. Por suerte, a partir de mañana empezamos a salir del ciclo de la muerte. Al menos del voluntario, claro.

1.11.07

Botines de cumpleaños (II)

(y que le conste a mi amiga F. y a quienes lo hayan pensado: no son botines en el sentido de zapatos con cordones, son beneficios obtenidos a costa del prójimo en mi cumpleaños, a la usanza de los piratas o los conquistadores)

  • Un MP3 Player regalado por los hombres de la casa (en realidad por el grande, pero al chiquito le gusta creerse que él es el que hace los regalos), que me ha hecho recordar cuánto me gustaba andar escuchando música todo el día y adonde fuera.
  • Dos bellos adornos para el pelo, de mi señora suegra, alias "Ela Nené".
  • Un mágico kit para preparar, disfrutar, oler, mirar, gustar, leer e imaginar todo lo asociado con el café turco, y con el café como disparador de la escritura (que, como bien sabemos, es todo un maridaje). Regalado por la bruja V., amiga irremplazable a estas alturas. Con texto inédito y todo (que, al igual que el MP3, me recordó el valor de ciertos símbolos como "el pendiente de la Maga").
  • Un artefacto esotérico estupendo llamado "Orgasmatron", mezcla de batidora manual, tenedor encefálico y antena parabólica de bolsillo, regalado por la más científica de mis cuñadas.
  • Un CD doble, pirata y antologado con amor y seso por el fan número uno del Divino Darno, traído a casa en mano por un misterioso caballero no virtual.
  • Un regalito también en mano (de una compañera de clase que no veo hace 25 años) que ya fue mandado desde México por mi fiel comadre P.
  • La enorme diversión de transformar el billete de mis padres en placeres ya casi olvidados como tres discos (canciones sefaradíes del Darno, tangos en vivo y Loreena Mc Kennitt), tres libros (uno de Dostoievsky que empieza "Soy un hombre enfermo. Soy un hombre malvado. Soy un hombre desagradable... etc", otro del valor terapeutico de los cuentos y otro de suicidas célebres en la historia, que era uno de mis proyectos) (escribir un libro con ese tema, no ser suicida célebre) y unas guillerminas de Blancanieves. ¡Es genial ir al shopping a comprar, es una experiencia insólita! Así que de eso se trataba, jum...
Creo que no me olvido de nada. Sí, menudos botines acordonados este año! Con todos estos regalos, llamadas y correos, juntaré fuerzas para cumplir el año que entra. Como me dijo Soraya (mexicana) en mi cumple: "Espero que este evento no deje de repetirse todos los años!!!"

Je je je...
Por cierto, el taller sobre la muerte estuvo muy bueno. Ya postearé al respecto.
Hoy se inaugura la ofrenda a Frida en la Embajada de México, y allí estaremos tomando chocolate y comiendo pan de muerto con Astor, G. y varios amigos.
El altarcito al Darno me espera para un brindis a la vuelta.

Si quieres saber tus defectos, cásate; si quieres saber tus virtudes, muérete