29.4.07

Sólo para académicos e intelectuales




Encontré un link que me hubiera sido de gran utilidad, en caso de haber ejercido como licenciada en Filosofía (privilegio, al parecer, altamente lucrativo, a pesar de ser un cuasi título nobiliario inútil y demodé; una de esas profesiones al pedo en el mundo práctico, como Musicología, Bellas Artes, Letras y demás -cuya práctica e investigación, en todo caso, el Estado debería sostener con estímulos y pensiones para que no se extinguieran totalmente de la faz de la tierra, y agradecer con deferencia la valiosa contribución- por la cual el Fondo de Solidaridad pretende, además, ¡cobrarme!, en vez de intentar resarcir el sufrimiento desalmado con el que la Facultad de Humanidades y Ciencias me flageló durante tantos años, pedirme las debidas disculpas del caso e indemnizarme como correspondería, terapia incluida). Se trata de un Generador Aleatorio de Nombres de Ponencias: lo que no puede faltar en el escritorio del investigador profesional con falta de inspiración! Un solo click, y ya tenemos un título complicado, con tufillo intelectual y que casi todos, como aquel rey que se paseaba desnudo creyendo que llevaba puesta una exquisita tela que sólo los tontos no podían ver (él incluído), aprobarán como materia interesante a debatir... y nunca faltará, también, una sesuda opinión para redondear críticamente el punto:


Advertencia para intelectuales escépticos y desilusionados de lo académico: Buscar nuevos nombres de improbables ponencias puede hacerse vicio (en el fondo, tiene algo de dulce venganza!)

21.4.07

Alerta tanatológica!

Volví a hacer el Reloj de la Muerte, y a diferencia del test aquel, me da que me quedan sólo veinte años de vida: ¡moriré dos días antes de cumplir 64! Así que cuanto antes tengo que retomar mi novela de 200 páginas a la que le falta la mitad todavía, así como ayudar a Astor a desarrollar sus vocaciones, conocer Grecia y Venecia, además de hacer una pequeña cava de buenos vinos (tintos, se entiende, y tomármelos todos, si es posible con amigos), entre otras muchas cosas.

¡Y todavía copiándole a Levrero: 64!

La inmortal y el reloj de la muerte


V. no puede abrir el link de Cómo y cuándo moriré desde el blog; le mandé la URL aparte y tampoco puede. "¿Seré inmortal?", se pregunta. La muerte propia (la de todos los allegados, en realidad, pero ¿quién más allegado que uno mismo?) es siempre una gran sombra junguiana en nuestra agenda. Yo hice el test hace tiempo y me dio que moriré a los 72 de un ataque cardíaco; la noticia era festejable! Primero, porque nunca pensé pasar de los 27, como mucho (Jim Morrison, Janis Joplin, Nick Drake... no sé por qué me identifico con músicos semisuicidas)(sin comentarios, D.); ya ando como 15 años más allá de la fecha prevista para la jubilación celular y tan campante, pero que me digan que tengo chances de llegar a ser una septuagenaria: JUAS!

La otra parte de la noticia era igualmente buena: un ataque cardíaco. El tiempo suficiente para que la película de la vida pase rápidamente frente a mis ojos y pueda articular: "Dios mío, perdona mis pecados y mándame al Cielo", pero sin agonías y largos deterioros. Bastante conveniente, me parece. Ojalá el test sea confiable. El que quiera probar suerte (está en inglés) puede ir aquí.

También recordé, por ese bloqueo poderoso de V. que es capaz de desactivar links en la web -bruja al fin-, que también hay un Reloj de la Muerte; el mío en algún momento lo tuve funcionando, es una sensación extraña. Voy a pasarle esa opción, a ver si también puede con ella. Esa chica tiene que lidiar con su propia mortalidad antes de que sea demasiado tarde.

Pero paren las rotativas!: justo encontré este otro, The Jung Type Death Note Test. Parece que invoqué a Jung, el Maestro del Maestro, con lo de la muerte y la sombra...

Sí, sí, ya sé que a esta Señora Muerte, muertecita, pelona, calaca, huesuda o como se llame no se la controla ni se la conoce realmente ni con todos los tests del mundo (¡y mucho menos de OKCupid.com!), pero siempre sirve tener el recordatorio del relojito. Memento mori.

17.4.07

El edificio de enfrente

Anoche caminamos todo Ellauri con Astor y con G.; se supone que íbamos a mostrarle dónde vivíamos antes. "Primero vivía mamá sola allí...", dijo G. "¡Ato!", contestó sonriendo el otro. "Bueno, sí: Astor estaba pero no se veía".

Ibamos llegando a mi famoso edificio, a la casa donde más tiempo viví en mi vida (13 años), a la única estable del traqueteo de mudanzas, ciudades, estadías, exilios, cambios; a "la taquicardia, el ritmo binario de caminar por la calle Ellauri", al decir de D. (inevitable fue recordarlo, por lo mismo); y ahí lo vi de pronto.

Edificio Sansueña.

A pocos metros de la casa de mi juventud, casi casi el edificio de enfrente. Qué ironía.

Y ahora para colmos sé (tarde) que Sansueña es, además, un pueblo español, no una geografía exclusivamente darnauchaniana. O sea que ni siquiera derechos de autor le podrán exigir al constructor o al dueño, pero las circunstancias de la pérdida del trovador les vendrá al pelo para vender lofts y garages con tufo a posteridad.

En la carta, D. me mandaba, entre otras cosas, "un ramito de Jazmín, una botella de 1/2 y 1/2, un vintén verdinoso, un relojero, tres flores de Lis, y un boleto con destino a Sansueña.com.uy"

14.4.07

Aleluya!

Por fin voy a empezar la semana que viene sólo con el trabajo "normal", no con pendientes, postergaciones, atrasos... ¡Me parece mentira!

Me voy a tomar varias copas de vino para celebrarlo. Y volveré al blog: no he podido escribir precisamente por tanto que hacer en la Tierra, pero extraño la práctica espiritual del asunto.

Cómo me gustaría poder organizar mi altillo, sepultura en vida de papeles. Parece que el tiempo se ha convertido en una necesidad imperiosa, en una sed desgastante.

9.4.07

Ser de Sansueña

Ser de Sansueña

Acaso allí estará, cuatro costados

Bañados en los mares, al centro la meseta

Ardiente y andrajosa. Es ella, la madrastra

Original de tantos, como tú, dolidos

De ella y por ella dolientes.


Es la tierra imposible, que a su imagen te hizo

Para de sí arrojarte. En ella el hombre

Que otra cosa no pudo, por error naciendo,

Sucumbe de verdad, y como en pago

Ocasional de otros errores inmortales.


Inalterable, en violento claroscuro,

Mírala, piénsala. Árida tierra, cielo fértil,

Con nieves y resoles, riadas y sequías;

Almendros y chumberas, espartos y naranjos

Crecen en ella, ya desierto, ya oasis.


Junto a la iglesia está la casa llana,

Al lado del palacio está la timba,

El alarido ronco junto a la voz serena,

El amor junto alodio, y la caricia junto

A la puñalada. Allí es extremo todo.


La nobleza plebeya, el populacho noble,

La pueblan; dando terratenientes y toreros,

Curas y caballistas, vagos y visionarios,

Guapos y guerrilleros. Tú compatriota,

Bien que ello te repugne, de su fauna.


Las cosas tienen precio. Lo es del poderío

La corrupción, del amor la no correspondencia;

y ser de aquella tierra lo pagas con no serIo

De ninguna: deambular, vacuo y nulo,

Por el mundo, que a Sansueña y sus hijos desconoce.


Si en otro tiempo hubiera sido nuestra.

Cuando gentes extrañas la temían y odiaban,

y mucho era ser de ella; cuando toda

Su sinrazón congénita, ya locura hoy,

Como admirable paradoja se imponía.


Vivieron muerte, sí, pero con gloria

Monstruosa. Hoy la vida morimos

En ajeno rincón. Y mientras tanto

Los gusanos, de ella y su ruina irreparable,

crecen, prosperan.


Vivir para ver esto.

Vivir para ver esto.


(Luis Cernuda)

7.4.07

Ultimo adios

No será Bob Dylan, pero vale igual. Hasta la vuelta!



Vae Victis





























Hoy hace un mes que te nos fuiste, Eduardo Darnauchans, ángel caído, trovador exiliado, poeta afónico, mensajero sin pies y sin destino, juglar renegado, bebedor desde la palma de la mano, casi sordo, llorador de Shakespeare, apenas viudo, autor nominado de mensajes telefónicos y mails velados por las luces de la madrugada (gracias a las hábiles manos de Nátasha Dostoieskaia sobre el teclado y sólo para mis ojos, lejanos, allá en México...)


3.4.07

Y esto no es nada

Caminando por Pablo de Maria

Fui a pagar cuentas, al banco por varias minucias administrativas, devolver un DVD de "El mercader de Venecia", comprar unas cortinas y demás plásticos, vinería cerrada (hay una deliciosa Grappa di Piuma para el invierno), fábrica de pastas para congelar, panadería. Estaba el sol acompañando cada caminata, y esa cuota de soledad que necesito para recuperar las fuerzas.

Astor está muy divertido; durmió hasta tarde, estaban en la playa comiendo calamar y tomando cerveza. Espero que él no,no todavía!

Hablé también con K. y nos vamos a ver el jueves; hoy voy a encontrarme con V.F. para charlar e ir al cine: ¡al Festival!. Una película china, lo último que yo elegiría, pero aunque la toma sea fija y dure las dos horas, yo estaré feliz de estar en el mágico santuario, en la oscuridad de respiraciones contenidas. También acordamos una reunión con las correctoras que quedaron "anclaas en Montevideo" durante Semana Santa.

Mañana viene mi niño maravilloso. Miro su foto todo el tiempo.

Hace dos años estabamos en Queretaro todavía en estas fechas; las cofradías vestidas de distintos colores desfilaban con cadenas en los tobillos, descalzos, por la calle. Semana Santa fue de mis fiestas preferidas durante el lustro vivido en el conservador Bajío, especialmente en Guanajuato. Me aceleraba el corazón; la primera vez que vi a los penitentes casi se me salen las lágrimas. Lo que me impresionaba era mirarles los ojos debajo de las capuchas, el enorme esfuerzo a cada pasito dado...

Yo tenía una enorme panza y se me ocurrió comentarle a G. mientras desfilaban los niños encapuchados de blanco, al principio (a ellos sí les dejaban ponerse sandalias,por lo menos): "Mira si a Astor se le da por hacer esto cuando crezca". A G. casi le da un ataque, dijo que él jamás lo permitiría. Quizás, en el fondo, por eso nos volvimos a Uruguay. Acá lo más que podría pasar es que salga de lubolo desteñido en Carnaval.

Las pisadas electrónicas de la muerte



Hace horas que navego de un blog a otro siguiéndole la pista al impacto de perder a D. en las palabras de otros, y escucho sus canciones subidas a la red -veo que una a Patricia debió ser retirada de circulación, no por pirata, particularmente, sino presumiblemente porque el último D. desafinaba, o al menos eso es lo que imaginé: nadie quiere inmortalizar la cuesta abajo-, y trato de asir los últimos jirones con las manos antes de que se desintegren en la memoria colectiva, o por lo menos antes de que la herida cierre, y miro las fotos del último concierto y entonces me digo, te digo:

Eduardo: tú no falleciste el 7 de marzo de 2007. Tú desfalleciste, pobre ángel azul, ángel blanco, ángel de todos los colores...

Sin Dios, sin vos, sin mi



Se fueron al mediodía; Astor iba muy contento de viajar a encontrarse con los primos. Yo también me quedé bastante contenta de poder descansar y empezar a recuperar mi organismo de las gripes, los duelos, el exceso de trabajo, la constante postergación de la curación necesaria... No me levanté en todo el día, algo que hace siglos (o por lo menos, dos años y medio) que no hago, tengo la impresión. He estado en la cama todo el día como con un amante recién inaugurado, sólo que en este caso el amante es mi propio cansancio y mi modorra. Y mi conexión inalámbrica, para qué voy a mentir.

Sin embargo, algo falta en el correr de las horas: el elfo Astor. Es extraño volver a este estado de soledad continua, luego de haber vivido tanto tiempo sola; me siento cómoda, como si nunca hubiera salido de este estado, pero la verdad es que hace más de una década que todo cambió. Vivir sola era mi estado natural, mi "default"; sólo un planeta con tanta capacidad de convocatoria en materia de gravedad como G. pudo haberme desviado de esa manera. Y con Astor ni se diga: uno se vuelve un apéndice del bebé, del niño. Aquel "yo" tan celosamente custodiado, tan defendido a muerte del alcance de parejas, padres y maestros, aquella individualidad que fue finalmente nuestro único tesoro tiene que inmolarse en el altar de sacrificio cuando uno decide tener un hijo. El "yo-unidad independiente" queda solo, cabalgando sin rumbo, como un Cid Campeador muerto pero aún tratando de librar la batalla.

¿Estará dormido, con su pijamita de Winnie Pooh? ¿El muy traidor se habrá podido dormir sin agarrar el pelo de su mamá? ¡Qué indignación, si así fue! ¡Habráse visto!

Parece que escucho sus pasos y sus risas (aunque no quiero enroscarme demasiado con la imagen, no sea que se me aparezca el niño morocho de rulitos que, al parecer, vive en mi casa aunque yo no pueda verlo más que en sueños)