30.3.07

Levrero, guru de la Sangrienta Orden de la Carne


...y ahora que me metí a ese viejo portal, resulta que ahí le habíamos hecho una entrevista bastante inusual a Levrero (porque, según la temática de nuestro sitio, que se jactaba de ser La Gran Cofradía Humanista del Vino y el Carbohidrato, tenía que relacionarse con el hedonismo de la comida y la bebida), de la que no me acordaba para nada! ¡En mayo de 2004, a unos meses de su muerte!

Está en la sección El invitado de Pantagruel. También viene un texto de Levrero publicado en Irrupciones y que seleccionó para la ocasión (todo ocurre en un restaurant).

Se supone que Pantagruel era el conductor estrella, una especie de Mirtha Legrand cibernética, cuya voz estaba formada por las anónimas preguntas de todos los que colaborábamos en el proyecto. Nunca le dimos imagen, pero es obvio que era medio robusto, con rulitos canosos y algo histericón...

¡Salud, gorditos en potencia, beodos con credencial de enólogos, golosos anónimos del mundo! Su anfitrión Pantagruel tiene preparado algo muy especial para ustedes este mes –aparte del tradicional banquete secreto de la luna llena, sólo para cofrades! Esta vez, nuestro distinguido invitado hará las delicias de todos los lectores de portal con su originalísima contribución (además de haberse prestado –inocentemente, pobre- a concederme una entrevista, ñaca, ñaca…)

¡Pasen a mi set de filmación, que la mesa está servida para Pantagruel y sus selectos invitados!

A traves del espejo

Esto lo escribió en 2004 Miguel Lagorio allá en México; es un fragmento de su artículo En torno a la nostalgia, la música y la radio, columna sobre música "Algunos bemoles" del portal Fiesta de la Pasta que publicamos con algunos amigos durante algún tiempo:

Eduardo Darnauchans y su “A través del Espejo” fueron otro muy buen ejemplo de cómo hacer un programa de radio atractivo sin pretender que la música que se difundía (la que a él le gustaba) fuera emblema de mayorías; muy por el contrario reconocía que su público nunca sería masivo y esto de alguna manera era parte de su gesto: el trovador de baladas melancólicas, culto, lector de la saga artúrica y de los poetas provenzales; musicalizador de alguno de ellos mismos, tomando el micrófono no ya para cantarle a la penumbra que se abría más allá del escenario, sino para dejar fluir otras voces ilustradas por su propia voz pausada, dialogando con quienes de este lado lo escuchábamos sobre cada canción o intérprete que elegía.
Acotado casi exclusivamente al rock y Beat de los sesenta, dándole cabida a grupos de los cuales se tenían pocas referencias como Procol Harum, Moody Blues, Easybeats, alternados con leyendas: Stones, Hendrix (donde Dylan, claro, tenía lugar preferencial) y a baladistas y poetas como Leonard Cohen, Donovan Leicht, Angelo Branduardi, Antoine, con alguna incursión (es lo que recuerdo) en torno a músicos montevideanos como Fernando Cabrera, Darnauchans se las ingeniaba para remar a contracorriente, remar canciones decía, y allí sí, desgranar la nostalgia que para él entrañaba cada canción.

Lo que decíamos más arriba, no importa ser auto referencial, apelar a la memoria y experiencia personal en tanto algo se convoque; si son fantasmas, que no se termine adivinando que sólo era alguien debajo de una sábana.
La nostalgia es un componente básico de la poética y las melodías de Darnauchans; acompaña ritualmente cada gesto de su voz, y eso permanecía, estaba presente en la radio, en la voz que se abría paso entre los nebulosos, cansinos y pesados acordes iniciales de “The Pusher” de Steppenwolf con que abría y cerraba cada emisión. En una frase; la sensibilidad de Darnauchans como compositor y cantor lo sostenía en la radio, su memoria personal, su nostalgia nos invadía cuando citaba la música de otros, de la misma manera que cuando él cantaba. Gozábamos con el eco de un goce auto referencial.

29.3.07

Ay, aquellos músicos de Tacuarembó!


Lo que no dije es que como ya no pude seguir oyendo al Darno por esa hermosura ausente, puse a Gardel, que siempre me hace reir con su sonrisa socarrona y sus exageraciones... El querido Carlitos, parte de nuestra Alma.

Electrocardiograma del duelo (3)

Ahora vienen más suaves y espaciadas las oleadas de memorias, algunos brotes cortos de lágrimas e incredulidad, casi siempre mezclados con una inesperada y honda compasión. Algo casi intangible que vibra en diapasón espejo, como si quisiera cubrir con una frazada al Duque Penurias cuando tropiezo con él tirado en la vereda o desenredarle el cabello pacientemente a Madame de la Mugre. Casi siempre me pasa de noche, cuando la maquinaria para: entonces me acuerdo. La voz de D. me resuena todo el día en el cerebro, pero los otros pensamientos, los del reloj tic tac, y las ridículas listas de pendientes mundanos la van escondiendo, la tapan de hojas marrones y partituras. Otras veces me pasa de mañana; hoy puse canciones y en una de Las quemas rompí a llorar: ¡era tan perfecta la voz, tan sobrenatural!

te quiero más que a mis ojos

"Pero mirá que podés perder", le contesta la madre desde el más allá del tiempo y de los símbolos. "Mirá que cuando estés en un cajón, ni siquiera las flores podrán alegrarte; nadie va a estar esperándote en ninguna parte, ni siquiera yo. Mirá que cuando te mueras ya no podrás cantar, no volverás a sentir el sabor del whisky, no reirás, no leerás a Shakespeare ni jugarás a ser Tristán, no podrás elogiar a Madame Bathory, no escucharás tangos buscando uno donde no se mencione la palabra "corazón", todo será para siempre, se acabará el servant, nunca más harás el amor ni te enamorarás de lo que pudo haber sido, no llorarás, no actuarás más tu personaje público. Nadie nunca más, ni yo, ni las flores. Mirá que podés perder. Si vivís podés perder, seguro que vas a perder..."

Las madres podemos ser bichos amargos.

Dicen que ganó el concurso, a pesar de la piadosa advertencia, del recordatorio del principio de realidad. El concurso de canto, digo. Y vinieron las flores, y las flores sí, se marchitaron, terminaron en algún tacho de basura del cementerio. Y vinieron las flores, como bien lo vio la madre. Y el cuerpo de D., enterrado allí, a pocos metros quizás del tacho de basura que se llevó los restos rojos de las coronas, ese cuerpo lastimado y ya casi inservible también pasará a los reinos misteriosos del polvo y de la tierra. Pero la voz quedó, la música quedó, la poesía quedó.

Podía perder, sí, pero no. Al final no perdió nada.

27.3.07

Te puse la moneda para el barquero


Te puse la moneda para el barquero sobre el ataúd, pero ni en ese último momento se me ocurrió decirte cuánto amaba tu música. Anoche me di cuenta de que en realidad jamás te lo dije: nunca supiste que era la fan número uno de tus canciones, tu poesía, tu voz, desde que pisé Uruguay a los 19 años. Compré todos los discos, fui a todos los recitales (incluso cuando ya te conocía personalmente). Pero nunca, nunca te comenté nada ni te dije que me encantaba lo que hacías, que tu música había sido un antes y despues en mi vida.

Tan obvio era que no se me ocurrió. Quizás el excesivo respeto de no mezclar al ícono con el amigo, de no fastidiarlo con lo que -pensé- sabría de sobra. Qué machetería.

26.3.07

Percepciones infantiles


Anoche Astor dio su primera señal inequívoca de percibir otros planos, como es natural a su edad. Ya había interactuado con seres invisibles, pero siempre en el contexto del despertar (o no del todo) de un sueño: "¡El no, él no!", gritaba una vez, señalando la pared. Pero anoche estamos cenando tranquilamente, cuando de pronto empieza a reirse mirando en dirección a la puerta del sótano. Me mira, pícaro, buscando un cómplice; yo también miro pero no veo nada. "¡Allá, allá!", me dice riendo. Yo temo que sea un ratón o algo así, que a él le cause gracia y me obligue a mí a echar mano de todos esos recursos insospechados, de algo como un remanente de adultez, y fingir que no me afecta para no pasarle mi fobia. Pero no, no veo nada.

-¿Qué hay allá?
-¡El nene! -y se vuelve a reir, señalando.
-Ah... ¿Y es bueno el nene? -pregunto, por si acaso. A mí antes de los tres años me visitaba Toto, una figura peluda pero erguida como un niño, que se paraba ahí, silencioso. Me angustiaba muchísimo; al principio no aparecía si los adultos estaban presentes, pero un buen día lo hizo olímpicamente, con mis padres allí. Ellos no percibieron nada, para mi horror.
-Sí...
-Bueno, pero ahora el nene se va a dormir. Acá se quedan Astor y Mamá nomás -digo, sorprendida por mi propia madurez y mi flamante principio de realidad.

Debo decir que una especie de escalofrío me recorrió, ahora que tengo la certeza de que en mi casa vive un nene de quién sabe qué épocas (la casa tiene 100 años: yo qué sé). O de quién sabe qué realidades paralelas. Y yo (ya) no puedo verlo, para bien o para mal. Me dio un poco de miedo, sobre todo cuando hace poco soñé con un niño morocho, de mirada muy fija, que se me aparecía en la puerta del zaguán mostrándome una llave.

Pero debo confesar que me sentí orgullosa de mi hijo, de sus ojos azules de niño, profundos. De la bendición de un intérprete.

23.3.07

Levrero y Darnauchans



Foto histórica (mala, muy mala, pero qué suerte que se me dió por sacarla: nunca se me pasó por la cabeza que hoy ambos estarían muertos) de dos pérdidas sin cicatriz a la vista, para mí y para gran parte de los uruguayos (entre ellos cuento a Astor, su generación, los que todavía no existen siquiera, los nietos de mis bisnietos que igual leerán sus libros y escucharán sus canciones: la inmortalidad pasa por otro lado, por suerte). Eduardo Darnauchans y Mario Levrero, el Darno y Carlitos, juntos en mi despedida a México. Sótano de mi casa en José María Muñoz, 17 de abril de 1999, milenio pasado.

Con la reserva del tanque

Cansada, cansada, cansada...

"Aquí reposan
los restos de una criatura
que fue bella sin vanidad
fuerte sin insolencia,
valiente sin ferocidad
y tuvo todas las virtudes del hombre
y ninguno de sus defectos"

21.3.07

Electrocardiograma del duelo (2)

Ahora no son ahogos, como al principio: son más bien eructos de tristeza. Imágenes que vuelven. Búsqueda de artículos y fotos para imprimir. Lágrimas cada dos o tres días, o como mucho una vez al día, sobre todo por compasión y por saber que no volveré a escuchar tu voz si no es grabada (o quizás en el Reino de los Cielos, si es que los Cielos están allí). Sonreir al mirar nuestra foto, sobre todo por tu actitud de osito de peluche.

Eso es mala señal: sonreir con un recuerdo. En cualquier momento, en dos o tres meses, o un año quizás, empezaré a traicionarte: como siempre sucede, tarde o temprano, el electrocardiograma del duelo hará piiiiiiiiiiiiiiiiiii....

20.3.07

Omar Khayyam

"Me dicen que el infierno pertenece al borracho.
Es un dicho erróneo, no hay que creer en él.
Si enamorado y bebedor al infierno estuvieran destinados,
vacío verías mañana el paraíso"

19.3.07

El mantelito del Darno

Escrito en el Entresueño
(va en 9 y en 8)

En México hay un léxico
y México es un tópico
Es un tópico de Mexico
Aquel picor es un tópico


*** (serie de lunita-tres asteriscos-un sol-un asterisco-otra lunita)

¿Hay mexicanos ahí?
¿un samurai un azteca?
¿un alehlí o un ají?


*** (serie de lunita-tres asteriscos-un sol-un asterisco-otra lunita)

Hay en México De Efe
un lugar de Coyoacán
rima con dar-nau-chan (s)
el asonante va en jefe

para Gabriela
versos urgentes
y sin pretensiones
+ que el afecto


(firmita con hoz y martillo)

16.3.07

Sincronicidad en Desolation Row

Una de mis reliquias darnauchanianas que no había podido encontrar es un mantelito de papel de algún restaurant, con mapa de Uruguay, en cuyo lado de atrás tenía escrito una especie de poema medio cómico sobre México, con las grandes e inconfundibles letras del Darno y su firma con hoz y martillo abajo. Eso me lo trajo el día de mi despedida, 17 de abril de 1999 (siglo pasado), cuando estaba por irme una vez más a vivir a Mexico; el mantelito venía con una foto suya, también dedicada, y una de sus mágicas chalinas que siempre tuve colgada (y tengo) junto a mi computadora, fuera en México DeEfe (como escribió él), Guanajuato, Querétaro o Montevideo. La prenda que la dama daba al caballero para que guiara su mano en el combate...

El mantelito no aparecía. Yo sólo lograba recordar: "Hay en México DeEfe/ un lugar en Coyoacán/ rima con Darnauchans..."

Hoy, cuando preparaba las actividades de escritura del taller (también escribimos durante el horario de nuestro encuentro), revisé consignas de otros años para elegir el ejercicio que iba a proponerles. Hay decenas y decenas; se me ocurrió una que trabaja con objetos como disparadores. El año pasado la hice y dejé todos los objetos en una canasta ahí, en el altillo; al agarrar la canasta (y casi casi sacarle las telarañas) decidí renovar un poco la cosa, dejar algunas de los cosas e imágenes utilizadas pero agregarle otras para que los alumnos que vinieron el año pasado tuvieran más opciones.

Y ahí estaba: el codiciado mantelito de Eduardo Darnauchans! Se ve que había parecido muy sugestivo ponerlo entre las alternativas, sobre todo porque nadie podría imaginarse que era de él. Lo que no puedo entender, salvo apelando a las más refinadas leyes de la sincronicidad, es que se me haya ocurrido hacer *esa* consigna precisamente ahora, hoy, a una semana de su muerte nada más, lo que me llevó obligadamente a revolver la canasta y encontrarlo. ¿El objeto me llamó a mí, yo llamé al objeto?

DE PROFUNDIS CLAMAVO AD TE

Próximo post: transcripción del mantelito

13.3.07

Electrocardiograma del duelo

Lloro dos o tres veces al día. Desconsoladamente, como los desconsolados. Después me rearmo y vuelvo a la vida, aunque con menos energía que una diva de vampiro; tardo horas en hacer cada cosa, pero la hago.

En un artículo de Búsqueda se dice al final que debe estar con Patricia tomándose unos whiskies. La imagen me da paz. Supongo que Escanlar podrá quedarse tranquilo, dado que en el Cielo no se gastan los fondos de las pensiones estatales...

10.3.07

11 dias antes de su muerte

Encontré un artículo o post del escritor argentino Fabián Casas sobre "Darnauchans, el hombre invisible" y le escribí, ya que él pedía información y pistas sobre el Darno. Las mías no duraron demasiado:

"Fabián, leí tu post sobre Darnauchans, el hombre invisible. Presumo que como ya pasaron 20 años desde aquel viaje en que diste con su pista, a lo mejor te llegaron algunos datos, pero por las dudas aquí voy. Te cuento que es amigo mío desde 1984, si bien no lo veo hace varios años ya que hasta hace poco viví en México; vino a mi casa el día de mi despedida, en 1999, y tuve un par de cartas memorables que conservo durante mis años afuera. Pero desde que volví a Uruguay no lo he contactado, pues él ha estado realmente MAL, incluso internado por un alcoholismo que ya se había pasado de todo límite y lo estaba (¿está?) destruyendo. Volvió con gran expectativa a las tablas hace unos meses luego de una ausencia de AÑOS de los escenarios (dos salas agotadas, en esta ocasión), pero tengo entendido que fue un verdadero desastre. Su esposa murió el domingo pasado, también alcohólica. Pero, bueno, con sus lautreamontianos matices, puedo confirmarte que al 24/2/2007 vive. Espero que por mucho tiempo más, pero no estoy segura.

Sobre documentos sobre él: precisamente un cineasta con tu mismo apellido, Ricardo Casas, filmó un documental que le llevó años sobre su trayectoria, algo así como "Donde había la implacable pureza del olvido". A Casas también lo conozco y vive en el edificio de al lado, por casualidad.

También un periodista que me contactó hace poco, Marcelo Rodriguez, está escribiendo la biografía de Eduardo en estos momentos.

Me encantó tu visión del personaje (sí, de este personaje tan montevideano), de verdad tenés antenas. Algo anecdótico: lo asociaste con Nick Drake, y gracias al Darno yo conocí a este músico que es mi guía en todos los momentos difíciles de la vida (y que también fue una sombra, y que tampoco tuvo final feliz... o simplemente es que "Fame is but a fruit tree", no sé)

Abrazos y gracias por tu testimonio de alguien a quien quiero con necesaria amargura
Gabriela"

8.3.07

Darno



Más allá de la pérdida del símbolo y del amigo

que me conoció cuando yo tenía 20 años, y tímidamente me pedía permiso para sentarse en mi mesa del Sorocabana, cuando por lo general era acosado por admiradores que querían un ratito de su tiempo

(he de decir que yo estaba entre ellos, sus admiradores más fanáticos, pero no lo demostraba... sin embargo, cuando entré a la Facultad de Humanidades y todavía no lo conocía personalmente, los primeros meses de clase pensaba: "por estas mismas escaleras subía Darnauchans...")

la muerte de ayer, del hombre Eduardo Darnauchans, hace morir un montón de partes mías, de mi historia personal. No sólo de la historia del Uruguay, que sin duda quedó rasgada y empobrecida con este entierro

que es además entierro de las posibilidades de

algún día
alguna vez
cuando sanara el cuerpo y el alma


seguir creando

completando la Darnauchaniana
ya no la Dylaniana

y Bob Dylan lo acompañó en el entierro sin saberlo
y sigue tan campante por allí


Más allá de todo eso, con el Darno se fueron varios de mis propios personajes:

Ma Damme, aquella joven de mechón champán y guante negro, que todos amaban platónicamente en el Sorocabana y jamás le hablaba a nadie (más que a algunos elegidos como él)

"la donante de sueños de Darnauchans", según me reconocían algunos (la que luego dejó de soñar...)

aquella lejana amiga que visitaba países palúdicos, a su decir, como Panamá y México, y a donde le mandaba correos electrónicos dictados a una misteriosa Nátasha que los tecleaba, cartas (porque eran eso) que afortunadamente esa amiga conserva y donde se despide "Servant" y la homenajeaba con otro montón de giros del idioma


Con él los entierro también, a esas partes mías que él había inventado. Duelen, las dos cosas. Los amigos arrebatados, la historia personal arrebatada, que es lo mismo que la memoria, finalmente, la identidad. ¿Ahora quién nos va a reconocer?

Mis amigos comenzaron a morirse mucho antes de que yo cumpliera treinta años...

Qué tristeza.